El caos estructurado |
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Si el ámbito cero es atípico por no tener ningún postulado de partida, este ámbito de la existencia también lo es por partir no de un postulado, sino de una certeza: algo existe. Poco más podemos saber de esta existencia. Es obvio que tiene cierto grado de complejidad, dado que parte de ella es capaz de observar y de hacerse preguntas, pero poco más podemos asegurar. Sin embargo, el simple hecho de elaborar un discurso como este parece dar por supuesta la existencia de un sujeto. Por las palabras “podemos saber” que aparecen en el párrafo anterior podría pensarse que acepto sin más crítica la existencia de lectores y la mía propia. En realidad no es así: se trata, simplemente, de una exigencia del lenguaje, cuya estructura hace difícil hablar sin echar mano del sujeto. Que hay al menos una mente es obvio desde el momento en que esa mente está escribiendo todo esto, pero en este momento sabemos tan poco de ella que la podemos considerar como parte de esa existencia general sobre la que vamos a empezar a hacernos preguntas. También es evidente que existe cierta contradicción entre este empezar desde cero que pretendo y la utilización de un lenguaje que tantas cosas da por supuestas. Pero, avisados como estamos, procuraremos estar pendientes de las trampas del lenguaje para no caer en su hechizo. Pensar es vivir peligrosamente, pero no hay otra. Una vez instalados en la existencia, es hora de dar el siguiente paso y empezar a hacernos preguntas sobre ella. Históricamente han sido dos las grandes preguntas al respecto: ¿por qué? y ¿cómo?, es decir, ¿por qué hay algo en vez de nada? y ¿cómo es eso que existe? ¿Cuál es la causa de la existencia?Esta pregunta, siendo en apariencia bastante básica y elemental, parece suponer lo que casi todas las preguntas, es decir, que tiene respuesta. Pero no tiene por qué ser así. Estamos tan acostumbrados a creer que todo tiene una causa que nos cuesta creer que la existencia no tenga la suya, pero eso no pasa de ser un prejuicio más. Buscarle una causa a la existencia es intentar manejar la totalidad con las categorías que usamos para manejarnos en nuestra vida diaria. Pero la existencia no tiene por qué estar justificada. Un ejercicio interesante es plantearse la posibilidad contraria: la completa y total inexistencia. ¿Necesitaría una justificación? Bueno, desde luego que no habría nadie que la buscase, porque no habría nadie para hacerse preguntas, ni como esta ni de ninguna otra clase. Pero es que, además, una justificación implicaría algo, implicaría la existencia de algo, lo cual entraría en contradicción con nuestro punto de partida, a saber, la completa inexistencia. Parece obvio pues que la inexistencia no solo no necesitaría de justificación, sino que no podría tenerla... por definición. La verdad es que el concepto en sí de inexistencia parece una contradicción en los términos, lo cual es bastante lógico por ser inexistencia de esos términos que se construyen por negación de algo muy grande (in-existencia) y están condenados a quedarse por tanto en nada... Volviendo a la existencia, nos encontramos con que tampoco tiene justificación. De hecho, no puede tenerla. Buscarle una justificación a la existencia es buscarle una causa externa, algo que tenga como efecto la existencia. Llamémosle X. Aparte de que parece un poco raro hablar de que hay (existe) algo, X, externo a la existencia, con X apenas hemos dado respuesta a nuestra pregunta, porque entonces sería X el objeto de nuestras pesquisas: ¿cuál es la causa, la justificación de X? Siempre podemos imaginar un Y que sea causa de X, pero eso nos llevaría a una regresión infinita que no aporta nada. Y si no nos imaginamos una causa para X, estamos como al principio: tenemos una existencia injustificada. Esto, en el fondo, es como preguntar si hay algo fuera de Todo. Qué tontería. Pues eso le pasa a la pregunta por la existencia. ¿Cuál es la forma de la existencia?La segunda pregunta acerca de la existencia se refiere a cómo es, a qué forma tiene. Volvemos a encontrarnos con las trampas del lenguaje, pues la pregunta da por sentado que la existencia es de un modo determinado. Pero eso es algo que no sabemos. Por eso debemos cambiar la pregunta por otra que implique menos cosas, como, por ejemplo, ¿tiene forma la existencia? Si respondemos negativamente a la pregunta nos encontramos con el escenario del universo caótico. Esta posibilidad, incorroborable pero irrefutable, nos ofrece un mundo sin forma que en realidad puede adoptarlas todas, incluida la de un universo aparentemente ordenado en el que una especie consciente emerge de la grasilla que cubre un planeta rocoso y se hace filosóficas preguntas sobre lo que cree un cosmos cuando resulta que es un completo caos. La posición contraria seria la que postularía una cierta forma para la existencia. Esta vendría avalada por una experiencia que nos muestra una realidad plagada de permanencias, ciclos, estructuras y regularidades de todo tipo, aunque en su contra tendría la legítima sospecha acerca de la veracidad de lo percibido. Como ya he dicho, yo me inclino por el caos, aunque esta es una elección metafísica, en el sentido de que ni me apoyo ni puedo apoyarme en la física para tomarla. Si elijo el caos es porque resulta una teoría ontológicamente muy económica (no hay que inventarse nada), y deja sin sentido una cuestión que, de otra manera, parece irresoluble: ¿dónde están las leyes de la naturaleza? Sin embargo, he de reconocer que se trata de una teoría poco significativa. Convierte todo cuanto conocemos en una mera casualidad, en un puro azar sin estructura en el que ninguna pregunta tiene sentido. Es un sitio cómodo, sin causas ni efectos, sin repercusiones, un lugar para dejarse mecer por las corrientes del caos. Pero, por otra parte, el sinsentido de las preguntas y la falta de repercusiones lo convierten en el lugar más aburrido imaginable (la inexistencia es inimaginable, así que no cuenta). Por otra parte, aceptar en este ámbito que la existencia tiene forma exigiría una justificación que no tenemos. Sea cual sea la teoría que se proponga, será una teoría con pies de barro, porque se basará en un presunto orden cósmico cuya única defensa es que es percibido, si no intuido, por unas pequeñas y efímeras estructuras dadas a engañarse: nosotros. Esto no quiere decir que haya que aceptar la teoría de un caos primordial como cierta. Su irrefutabilidad va a la par de la imposibilidad de ser corroborada. No es conocimiento, tan solo la consecuencias de un deseo, el de no dejarse engañar ni por las trampas de la historia ni por los prejuicios del pensamiento. Esto nos lleva a la simple certeza de la existencia y a una teoría que vuelve absurdas las preguntas. Sin embargo, tenemos preguntas, y queremos pensarlas y arriesgarnos a componer posibles respuestas. Queremos conocer el mundo, queremos explorarlo, describirlo y explicarlo, y no quedarnos varados en medio de la nada muertos de miedo ante lo informe. Por esto propongo cerrar aquí el ámbito de la existencia y negar el caos para adoptar como postulado de partida de un nuevo ámbito precisamente eso, que la existencia no es completamente caótica. Entramos en el ámbito de la existencia estructurada, donde nos encontraremos con la paradoja de un mundo ordenado que, sin embargo, es incognoscible. |
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► Sugerencia para continuar: Ámbito de la existencia estructurada: comprender es comprimir. Fuentes:
Última actualización: 24-2-2011 |
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