El caos estructurado |
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Cada lenguaje es una teoría acerca del mundo. A lo largo de milenios hemos categorizado lo que experimentamos en sujetos y objetos, en acciones y circunstancias, en atributos y relaciones. Dentro de esas categorías, hemos creado compartimentos en los que clasificar las cosas del mundo: uno para los gatos, otro para las piedras, otro para las cerezas... Estos compartimentos son los conceptos, . Los lenguajes, como teorías que son, pueden ser más o menos útiles, más o menos precisos, pero son siempre teorías, mapas, si se quiere. Hasta aquí bien. El problema surge cuando confundimos el mapa con el territorio, cuando creemos que cada palabra se corresponde perfectamente con una realidad del mundo. Entonces caemos en el pensamiento mágico, en una identificación tal entre la realidad y el lenguaje que llegamos a confundirlos y a creer que la propia estabilidad del mundo depende de cómo lo pensemos. Esta confusión quizá tenga su origen en el mítico poder creador de la palabra. Sea como fuere, las palabras pueden ser poderosos hechizos que nos hagan creer en las cosas que nombran y las estructuras gramaticales poderosos encantamientos que nos hagan creer que el universo está estructurado de cierta manera. Por eso muchos piensan que estamos condenados a vivir hechizados bajo el velo del lenguaje. Pero no tiene por qué ser así. Podemos ir más allá de las palabras, podemos pensar en el mundo que a veces nos esconden. Posiblemente todos nuestros conceptos sean ficticios, aunque unos más que otros. La idea de unicornio solo existe en nuestra imaginación y sus productos. La idea de gato también, aunque algo de la realidad debe contener esa idea cuando lo que percibimos como gato suele huir ante lo que percibimos como perro. Estas regularidades son las que nos hacen creer en la realidad de nuestras ideas. Los conceptos residen en las mentes. Y, por lo general, tienen bordes brumosos. Además, la extensión de cada concepto en las distintas mentes no tiene por qué coincidir. De hecho, no lo hace. En la zona que comparten las extensiones de los conceptos de dos mentes, el acuerdo es inmediato y el hechizo del lenguaje se refuerza. Ante un gato domestico casi todos estaremos de acuerdo en que es un gato. Pero ante uno de esos feos gatos esfinge el acuerdo será problemático. Yo nunca diría que es un gato... salvo que un genetista me lo demostrase. La ciencia y la filosofía ayudan a reducir la carga subjetiva y supersticiosa de nuestros conceptos enfocándolos, afinando sus bordes y encastrándolos en sistemas coherentes. El objetivo es que nuestras ficciones sean más útiles. Qué significa ser útil depende de cada uno. |
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► Sugerencia para continuar: en El problema del significado se desarrollan con algo más de amplitud las ideas anteriores. Fuentes:
Última actualización: 28-3-2011 |
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