Artes visuales - 3


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Este hermoso bronce de Giambologna porta en su mano derecha, como corresponde a una alegoría de la arquitectura, los instrumentos del arquitecto renacentista: la escuadra, el compás y el transportador de ángulos.

Con un portátil con el autocad abierto no sería lo mismo, ¿verdad?

Corren malos tiempos para la lírica.


Propuesta de Alejandro Sierra
Arquitectura. Giambologna, ca. 1600. web: Museum of Fine Arts, Boston

Leo unas tiras diarias de Krazy Kat y me llama la atención la diferencia de tratamiento respecto de las planchas dominicales. Siendo todo igual, es distinto: frente al surrealismo poético de las planchas, las tiras son más inmediatas, más inteligibles también, y definen con mayor precisión a los personajes.

Por ejemplo, entendemos que si Ignatz se dedica a propinarle ladrillazos a Krazy es porque no soporta su extraña forma de razonar, entiéndase esta como tontería o como locura: la razón impotente recurriendo a la violencia para imponerse a la ciega y feliz irracionalidad.

La tira que propongo es, además, todo un tratado acerca de la abstracción matemática. Genial Herriman.

Más Krazy.


Krazy Kat. George Herriman.

Con el maravilloso escenario que es Oxford en sí mismo y unos actores de primera, el gnomo Elija Wood, el genial John Hurt y la rolliza Leonor Watling, se nos cuenta una historia de crímenes con enigma matemático.

Lo malo, como ya pasó con La habitación de Fermat, es que los chascarrillos matemáticos son insultantemente sencillos y la relación con la historia absolutamente superficial. Y es que la mente criminal puede ser retorcida y, por tanto, interesante. Pero cuando es meramente liosa, pues no.

Que Fermat se convierta en Bormat supongo que será, precisamente, para que la gente no se acuerde de La habitación de Fermat. Que Alex de la Iglesia no sea Alex de la Iglesia supongo que se debe a que quiere vender aun más de lo que vende normalmente. Que la Watling lo haga tan mal posiblemente se deba a que Alex estaba más preocupado de otras partes de su cuerpo que de su cara.

Lo realmente malo es que la película resulta, pese a todos los elementos a favor, aburrida.

PD: Dunia escribe: "Cuando ví la película y escuché Teorema de Bormat y que lo demostraba alguien que no era Andrew Wiles, dije ¿porque lo habrán cambiado? Y, como tú, pensé que era para no recordar a "La habitación de Fermat", pero un par de días después vi en CNN+ una entrevista a Alex de la Iglesia: resulta que para hacerlo bien llamaron a Wiles para comentarle que iba a salir una persona demostrando el teorema como si fuera él; pero por lo visto Wiles, que ya estará harto de entrevistas, fama y esas cosas, dijo que no quería que le mencionaran, y por eso cambiaron el nombre al demostrador y al teorema".


Título original: Los crímenes de Oxford. España, 2008. Dirección: Alex de la Iglesia. Guión: Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia, basado en una novela de Guillermo Martínez.

Ya vimos al astrónomo: ahora le toca el turno al geógrafo.







Instrumentos: compás.
Montaje.


El geógrafo. Vermeer de Delft, 1668-1669. web:Das Städel Museum Frankfurt .

Este thriller matemático tiene un planteamiento clásico: cuatro matemáticos de primer nivel son convocados para una especie de competición. Una vez encerrados en una habitación, se ven forzados a resolver varios enigmas matemáticos para salvar la vida.

Aunque uno pasa el rato, la verdad es que la película hace agua por todas partes: el guión es flojo, algunas interpretaciones no merecen tal nombre, y la dirección deja mucho que desear, como cuando los protagonistas entran en la habitación y nadie parece saber muy bien dónde debe colocarse.

Pero lo peor es la parte matemática: los enigmas que se les plantean a los presuntos matemáticos (las hijas del Profesor Otto, las dos puertas, las tres llaves de luz, tres cajas de caramelos...) no pasan de ser problemillas de ingenio de los que se propone a los alumnos de secundaria para "motivarles". Sin embargo, los matemáticos de la película parecen no haberlos visto en su vida.

No voy a destripar el final: tan solo añadiré que la famosa conjetura de Goldbach tiene su importancia en la trama.

Fermat.


Título original: La habitación de Fermat. España, 2007. Dirección: Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña. Guión: Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña.

En las artes plásticas, la melancolía más famosa es la que su autor, Durero, tituló Melancolía I. Sin embargo, también Cranach trató el tema magistralmente, y en varias versiones.

A mí me gusta particularmente esta, en la que los putti se muestran empeñados en hacer pasar la esfera por el aro ante la displicente mirada de la alada figura que, ocupada en pelar con su navaja una ramita, dicen los que saben representa la melancolía.

Aunque en segundo plano, son de estudiar las figuras montadas en bestias diversas de la esquina superior izquierda, así como lo son el paisaje a lo Patinir, el perro observador, y hasta las perdices, bichos que, por lo que sé, son símbolos de lujuria.

Resulta satisfactorio saber que los mismísimos expertos dicen no tener claro cuál es el significado de la obra. Lo cierto es que una vez más se pone en relación la práctica matemática con cierto estado alterado de conciencia...

Digo yo: ¿no estará el ser alado trabajando en una vara como las que utilizan los amorcillos para empujar la esfera? ¿No estará el pensamiento melancólico afilando un nuevo argumento, una nueva herramienta matemática? ¿O quizá esté preparando una nueva palanca con la que mover el mundo?


Melancholy. Lucas Cranach, 1532. Statens Museum for Kunst (Copenhague). web: SMK

No, no es Casablanca, aunque lo parezca. Se trata de El buen alemán, una película llena de citas como esta a estupendas películas del cine negro, en un ejercicio de estilo muy atractivo, aunque algo hueco. Posmoderno, vamos.

Aparece una mujer fascinante, claro, con un pasado terrible que ocultar; un americano fascinado por ella, claro, que la quiere "salvar"; y un marido, matemático él, que todo el mundo persigue sin que los espectadores sepamos muy bien por qué.

En cierto momento nos enteramos de que el marido, durante la guerra, dedicó sus talentos matemáticos a resolver un problema de optimización consistente en calcular la cantidad de calorías mínima que había que darle a los presos para que pudiesen trabajar y aguantar vivos hasta que llegase la siguiente remesa de trabajadores-esclavos.

Sí, también sirven para esto las matemáticas.


Título original: The Good German. USA, 2006. Dirección: Steven Soderbergh. Guión: Paul Attanasio, basado en una novela de Joseph Kanon.

Titulada en España, por razones que ignoro y quiero seguir ignorando, La verdad oculta, la película Proof de John Madden cuenta la historia de una matemática (Gwyneth Paltrow) hija a su vez de un matemático genial devenido en loco.

Cuando el padre muere la chica le muestra a un alumno del padre un cuaderno con una demostración extraordinaria acerca de un importante teorema sobre números primos. Ni el chaval, que se ha convertido en su amante, ni la hermana de la matemática creen que sea de ella: piensan que es trabajo del padre.

La idea es buena, pero la película no muestra evolución, ni chascarrillos matemáticos de esos que crean ambiente, ni define a los personajes, que resultan planos, en especial el de la protagonista, que solo parece saber poner caritas tristes. Además parece una mala mezcla de El indomable Will Hunting y Una mente maravillosa.

Eso sí: es mejor que casi todo el resto del cine americano de ese año.


Título original: Proof. USA, 2005. Dirección: John Madden. Guión: David Auburn y Rebecca Miller; basado en la obra de David Auburn.
OJO: 2328 Kb

Lo[s] Cinético[s] es una exposición del MNCARS de Madrid. Es de Perogrullo que el arte cinético es el arte que se mueve. Lo que no está tan claro es qué es eso de moverse. Porque el arte se mueve cuando se mueve físicamente, cuando la obra en sí tiene movimiento, como cuando la anima un motor. O el viento. O el fluir del agua. O los propios espectadores.

Pero el arte también se mueve cuando la mirada de las personas se desplaza y, al desplazarse, lo hace su punto de vista y con él las formas que contempla. O cuando la luz parpadea electrónicamente, o se enciende e interrumpe proyectando sombras cambiantes. O cuando arranca proteicos reflejos a lo que ya era movimiento. Incluso se mueve cuando sin moverse simboliza la dinámica del propio espacio-tiempo atomizado.

Lo que resulta revelador, y entrañable, es que el arte, siempre que quiere reflejar movimiento, se acuerde de la geometría.

► Matemáticas y vino (Rioja Alavesa, España).


Movement for a moment. Keiji Kawhasima, 2005. Lo[s] Cinético[s], exposición temporal del MNCARS de Madrid, 2007. Vídeo: 2328 Kb.

Los expresionistas, al pensar que lo importante era la expresión de sentimientos a través de líneas y colores, llegaron a plantearse si con eso, con líneas y colores, sería suficiente. El ejemplo de la música, un lenguaje perfectamente articulado capaz de expresar todo tipo de sentimientos, apoyaba esta idea [La Historia del Arte, p.570].

Los padres de Kandinsky tocaban el piano y la cítara, y él mismo aprendió a tocar el piano y el celo muy jovencito. No es de extrañar que con esta formación, imbuido del espíritu expresionista, y bastante místico, decidiese desarrollar una música cromática. Lo dijo claramente: un rojo brillante puede producir el mismo efecto que un toque de clarín.

Kandinsky buscó un lenguaje pictórico semejante al musical, lo que le llevó a la abstracción y a la acumulación de elementos en busca de la armonía visual. Naturalmente, fracasó. Es inegable que su producción abstracta resulta por lo general decorativa, pero nada más. Su error fue llevar la analogía pictórico-musical demasiado lejos y no darse cuenta de las diferencias. Vio el caracter compositivo de la música, y es el que intentó trasladar a sus lienzos, los cuales convirtió en caóticos batiburrillos de colores y formas geométricas.

Pero Kandinsky, en su búsqueda, pasó por alto dos cuestiones importantes. La primera, el carácter esencialmente temporal de la música: pese a su formación musical, o quizá por ella, no se dio cuenta de que lo que hace que la música nos afecte como nos afecta es su devenir en el tiempo. No es cuestión de componer timbres ni tonos. Lo esencial es hacernos viajar en el tiempo. Y eso es algo que solo Veermer consiguió con un lienzo. Y no más allá de unos instantes.

La otra cuestión que pasó por alto es la particular configuración cerebral de los humanos, esa que nos hace emocionarnos al escuchar ciertas melodías y que todavía no sabemos por qué está ahí.


Composición VIII. Kandinsky, 1923. Solomon R. Guggenheim Museum (New York)

Este extraordinario retrato, debido a los pinceles de José de Rivera, tiene dos características sobresalientes: la sonrisa del personaje y el compás que porta en su mano derecha. Por la sonrisa se le ha identificado con Demócrito, el filósofo de la risa, el atomista genial. Por el compás se ha pensado que podía tratarse de Arquímedes, el gran matemático de la antigüedad.

Sea quien quisiera Rivera que fuese, es una placer ver a este tipo de aspecto popular y evidentemente desapegado del mundo de la apariencia gozar de la vida con un compás en la mano. Todo un ejemplo de hedonismo.


Demócrito / Arquímedes. José de Ribera. Museo del Prado.

La Glasgow School of Art es, según los que saben, la obra maestra de Charles Mackintosh. Construida en dos partes, la escuela refleja los dos objetivos que se marcó Mackintosh: conseguirles luz natural a los estudiantes y que estos se moviesen en un medio en el que fuese posible estar permanentemente trabajando (qué cosas tenían estos antiguos).

Esto se plasma en claraboyas y ventanales que dan luz a todo tipo de salas de trabajo: grandes, minúsculas, en galería... La pieza más sorprendente es la biblioteca: hecha con madera negra, la luz se ve rota al entrar por amplios ventanales cuadriculados de dos pisos de altura.

Un uso combinado y medido de lo geométrico y las formas vegetales le permitieron a Mackintosh ser elegante sin caer ni en la frialdad del funcionalismo ni en los frecuentes excesos del modernismo. Es, además, el triunfo del diseño: decoración de paredes, mobiliario, lámparas, todo está diseñado con esa uniforme variación que le da unidad al conjunto.


Glasgow School of Art. Charles Mackintosh, 1896. Fotos: A.

El escocés Eduardo Paolozzi realizó en 1995 un bronce en el que presentaba a Newton a la manera del Newton de Blake: desnudo, o casi, y con un compás en la mano. Después, en 1989, realizó este Master of the Universe, en el que Newton es sustituido por una entidad más abstracta al estilo del arquitecto de los masones, o quizá pensando también en Blake y su El anciano de los días.

Una particular aportación de Paolozzi son ciertos detalles que confieren a sus personajes un aire robótico, cibernético. Otro detalle interesante es que mientras Newton usa un compás, el Maestro del Universo usa directamente sus dedos.


Master of the Universe. Eduardo Paolozzi, 1989. web: National Galleries of Scotland. Foto: A.

Krazy Kat, de George Herriman, es una obra extraña, muy extraña. Un gato de sexo ambiguo que se siente querido cada vez que un ratón sádico le tira un ladrillo. Un perro policía que persigue infatigable y casi siempre sin éxito al ratón por los extraños paisajes del desierto americano. Unos escenarios que mutan sin justificación viñeta a viñeta. Una única historia que se repite una y otra vez durante años con pequeñas, a veces imperceptibles variaciones. Una ironía anarquizante sorprendente. Una exagerada economía de medios verbales y gráficos que, sin embargo, generan sensaciones poéticas e intelectuales, sin que se sepa muy bien por qué. En esa mezcla de imaginación desbordante y de contención expositiva reside la genialidad de Krazy Kat. Creo.

Matemáticas: tenemos un abejorro paradójico que al medio día “se detiene en su viaje a ninguna parte, un destino que nunca alcanza”; una inversión temporal (26-2-1928); un gato que se pierde y ni siquiera sabe dónde se ha perdido (10-6-1928); un ratón que comprende que un cambio universal de tamaños no significaría nada (17-6-1928).

Más Krazy.


Krazy Kat. George Herriman.

Vi hace unos días (17-3-2007) esta fotografía de Gustavo Puch en una exposición temporal del museo Esteban Vicente de Segovia titulada La palabra imaginada. El titulo alude al hecho de que todas las obras allí expuestas exploraban de alguna manera la relación entre el mundo textual y el visual.

Me gustó.

► Fórmulas


Sin título. Gustavo Puch, 1999. Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León. web: MUSAC.

Poco hay de matemático en la gente de Monty Python. O quizá sí. Lo digo por el permanente uso que hacen de la paradoja para reírse de lo humano y lo divino, y por ese permanente empeño en llevar la lógica más allá de sus consecuencias... lógicas. Un ejemplo: “Hemos inventado un artefacto que sirve para sentarse en el suelo, pero más arriba”. Se refieren, naturalmente, a la silla.

La imagen de la derecha corresponde a una de las magníficas animaciones de Terry Gilliam, a quien ya he citado por ahí a causa de 12 monos: "¿cúbico o esférico?" parece estar preguntándose el dios geómetra de gesto ceñudo. Todos pensamos que sabemos qué elección hizo, aunque en la película el dios arroja la versión esférica y se queda con la cúbica. En esto parece coincidir con Ángeles Santos.

La opción de un mundo esférico, o casi, es más acorde con las leyes de la mecánica. Pero, si se piensa un poco, ¿qué necesidad tendría ningún dios de hacer las cosas acordes con las leyes de la mecánica?


Título original: The meaning of Life. USA, 1983. Dirección: Terry Jones y Terry Gilliam. Guión: Monty Python (Chapman, Cleese, Gilliam, Idle, Jones y Palin).

El artista japonés Hiroshi Sugimoto ha realizado físicamente algunas superficies matemáticas, como la preciosa pseudoesfera en aluminio y espejo que se puede ver a la izquierda y que forma parte de una exposición temporal titulada Mathematical Forms.

Obsérvese que el espejo no es un mero adorno, pues el reflejo de la superficie de aluminio proporciona la "otra hoja" de la pseudoesfera.

Junto al título de la pieza una cartela muestra las ecuaciones correspondientes, lo cual no deja de ser curioso.


Conceptual Form 006, Surface of revolution with constant negative curvature. Hiroshi Sugimoto, 2006. Atelier Brancusi (Centre Pompidou), París. Exposición temporal. Foto: A.

Carretera perdida, o Lost Highway en el inglés original, es un ejemplo de lo que más le gusta hacer a David Lynch, películas repletas de símbolos, escenas oníricas, extraños paralelismos y, sobre todo, múltiples interpretaciones.

La película cuenta dos historias ocurridas a dos personajes distintos que, sin embargo, comparten relación con una misma mujer, aunque todo indica que las historias se desarrollan en mundos también distintos. ¿Realidades alternativas?, ¿sueños?, ¿fuga psicogénica? Una pista puede ser la memorable frase: "I like to remember things my own way" ("me gusta recordar las cosas a mi manera").

Otra pista nos la da Barry Gifford, coescritor del guión con el propio Lynch, cuando dice que ellos no querían hacer algo que fuese lineal, por lo que pensó en la cinta de Moebius para que "la historia se plegase bajo sí misma y continuase".


Título original: Lost Highway. USA, 1996. Dirección: David Lynch. Guión: David Lynch y Barry Gifford. web: losthighway

12 monos es una de las mejores películas sobre paradojas temporales que he visto. Pero no solo eso, pues Terry Gilliam mezcla las habituales causas que viene del futuro o la coexistencia de versiones temporales del mismo individuo con otras paradojas de tipo psíquico, introduciendo personajes que estando cuerdos se creen locos y al revés, lo que da lugar a interesantes reflexiones acerca de la conciencia, la percepción de la realidad y el propio concepto de realidad.

Pero aún hay más, porque a Gillian le da tiempo para meterse con los científicos y con su ilimitada capacidad de destrucción.

Si encima añado que es capaz de lograr magníficas actuaciones no solo de Bruce Willis, sino también de Brad Pitt, y conseguir con todo ello una película realmente atractiva, se entenderá que afirme que Gilliam es un genio.


Título original: 12 Monkeys. USA, 1995. Dirección: Terry Gilliam. Guión: David Peoples & Janet Peoples.

El aprecio del arquitecto Jean Nouvel por las formas geométricas más puras es conocido: basta apreciar el Institut du monde arabe de París, con esas fascinantes celosías que controlan la cantidad de luz que entra en el edificio automáticamente (drcha.); el nuevo y magnífico museo Quai Branly (abajo), también en París; o la estupenda ampliación del MNCARS de Madrid.

Sin embargo, pese a ese gusto por la geometría, sus edificios siempre tienen elementos que compensan la frialdad de líneas y planos: a veces son formas bulbosas, orgánicas; otras son textos y colores; otras, auténtica vegetación que oculta de una u otra manera el edificio.

Sí, siempre es así, salvo en un lugar: el Palacio de Justicia de Tours. Allí solo reina un tipo de línea, la recta, y solo un color, el negro. Uno siente estar penetrando en un lugar del que nunca va a salir. Me imagino a quienes tengan que acudir allí a resolver cualquier asunto: sin duda pensarán, nada más entrar por la puerta, que todo el peso de la ley ha caído ya sobre ellos. No sé si causar esta impresión fue premeditado, pero desde luego hace de la justicia algo bastante poco amable.

Por el ambiente opresivo me recuerda a la película Cube.


Palacio de Justicia, Tours, Francia. Jean Nouvel. Fotos: A.

Con este montaje su autora, Dana Wyse, nos ofrece píldoras para conseguir las cosas más extraordinarias y difíciles como, por ejemplo, Entender arte contemporáneo o Ser monógoma naturalmente.

Por fidelidad al presunto tema de Epsilones, a la izquierda muestro la píldora para Entender matemáticas complejas instantáneamente. Y es que la ciencia avanza que es una barbaridad.

Si Alejandro las hubiese pillado...

► Literatura: Obleas para aprender matemáticas


Magic Pils, Dana Wyse. Cité des Sciencies, París. web: Cité des Sciences et de l'Industrie

Las tiras de Mafalda tienen momentos matemáticos memorables, como cuando la pequeña Libertad le dice a su maestra que un triángulo cuyos lados son todos iguales es... socialista, o como cuando Mafalda, tras haber estudiado en clase el pentágono, le propone a la profesora para el día siguiente estudiar... el Kremlin.

El ejemplo que he elegido (hubiese copiado cientos de tiras, la verdad) habla con esa precisión quirúrgica de Quino de la paradoja en la que vivimos todos los del montón que no queremos ser del montón.

Nota personal: me acordé de esta tira a raíz de unas paradojas que recibí. Cuando me puse a buscarla, empecé a leer, a leer, y no pude parar. Tres días después había vuelto a leer los once tomitos de la colección más un tomo especial de inéditos. Es perturbador descubrir cuánto le debe uno a un puñado de dibujitos de apariencia inocente.


Mafalda. Quino.

¿Qué tienen que ver Jurassic Park de Spielberg y Match Point de Woody Allen? Pues muy sencillo: el caos.

La verdad es que me suelo dormir en las películas de Spielberg. Parque Jurásico no fue una excepción, y solo salí de mi sopor para contemplar alguna escena de bichos y las sarcásticas apariciones de ese cruce de matemático y estrella del rock que interpreta Jeff Goldbloom. Sin duda el mayor acierto de la novela de Crichton, autor también del guión, es este personaje en el que refleja el salto a la fama que por aquel entonces supusieron, para la normalmente tímida matemática, el caos y las fractales.

En una escena el matemático explica lo que es el caos con un simple ejemplo: sobre el dorso de una mano de la paleontóloga deja caer una gota de agua y hace una pregunta de apariencia inocente: ¿hacia dónde irá la gota? Pese a conocer las leyes físicas implicadas en el fenómeno, no lo podemos saber: el más pequeño cambio en las condiciones del "experimento" harán que la gota vaya en una dirección o en otra. El sistema es impredecible.

Mientras que Crichton se fija en el carácter impredecible de los sistemas caóticos para avisarnos de que es peligroso meternos en empresas que quizá no podamos controlar, Allen se preocupa más bien de la sensibilidad de tales sistemas a las condiciones iniciales y a través de ella de la influencia del azar. El punto de juego al que se refiere el título alude a esos azares, a esos sucesos en principio mínimos que pueden cambiar sin embargo el curso de los acontecimientos, incluso el curso de una vida, como esa pelota que al, llegar a la red, se queda sobre ella unos instantes antes de caer en un lado u otro del campo.

Es una pena que ni Crichton, ni Spielberg ni Allen supiesen sacarle mejor provecho a tan sugerentes ideas.


Título original: Match Point. Gran Bretaña, 2005. Dirección: Woody Allen. Guión: Woody Allen. (Derecha)

Título original: Jurassic Park. USA, 1993. Dirección: Steven Spielberg. Guión: Michael Crichton, a partir de su propia novela. (Izquierda)

Magritte, mediante el simple truco de situar un objeto completamente vanal fuera de su contexto usual, consigue imágenes impactantes y llenas de misterio.

En este cuadro, que uno puede encontrar en un pequeño museo situado a orillas del Gran Canal de Venecia, tres cascabeles levitando sobre un prado parecen esconder, pese a su sencillez, inquietantes secretos.

Estas esferas me recuerdan un poco a las de Pomodoro, aunque las del italiano son explícitas mostrando su tortuoso interior, mientras que estas del belga guardan celosamente su contenido... sea el que sea.


La Voix des Airs. René Magritte, 1931. web: Peggy Guggenheim Collection (Venecia).

La figura de la izquierda corresponde a una página de la obra de Luca Pacioli Divina proportione. El dibujo representa un dodecaedro hueco, y aunque webs tan estupendas como Geometry in Art & Architecture atribuyan estos diseños a Leonardo da Vinci, Gian Marco Rinaldi nos cuenta que Pacioli afirmaba que los dibujos los había hecho él mismo. Puede ser, continua Gian Marco, que la contribución de Leonardo consistiese en propocionar algunos de los modelos a partir de los cuales Pacioli realizó los dibujos y xilografías.

En los gráficos de Divina proportione se basaría Fra Giovanni para realizar sus extraordinarias taraceas.


Página del libro Divina proportione de Luca Pacioli, 1509.

Esta litografía de Escher resulta, cómo no, fascinante. La figura central es un dodecaedro estrellado parcialmente encerrado por una burbuja esférica de la que sobresalen las cúspides de las pirámides pentagonales que estrellan el poliedro.

En contraste con la brumosa y perfecta figura central, platónica representación de un orden ideal, Escher nos muestra alrededor los efectos del caos, de la entropía, en varios objetos cotidianos que aparecen tristemente gastados y rotos.

Orden y caos. Forma y materia. Ficción y realidad.

► Un mosaico de Paolo Ucello


Orden y caos (Contraste). M.C. Escher, 1950.

Con algunos momentos bastante kitch, musicas que han envejecido fatal y cierta indefinición que la hace saltar de lo infantil a lo ingenuamente morboso, en la película Laberinto de Jim Henson aparecen algunas de esas cuestiones que nos gusta comentar por aquí: una anamorfosis con el rostro de David Bowie que no incluyo porque sin movimiento no tiene gracia; un problema de lógica de los clásicos: las dos puertas; una buena colección de laberintos, incluido este tridimensional basado en la obra de Escher Relatividad (se puede ver colgada de la pared en la habitación de la protagonista); y en general un cierto aire a la Alicia de Carroll que siempre es de agradecer.


Relatividad, M.C. Escher, 1953 (derecha).
Título original: Labyrinth. UK/USA, 1986. Dirección: Jim Henson. Guión: Terry Jones, a partir de una historia de Dennis Lee y Jim Henson (izq.)

Paul Newman escribe con su zapato esta letra π en la tierra para darse a conocer a los miembros de un red de espionaje. La película es Cortina rasgada, y cuenta la historia de un científico americano que en los tiempos del Telón de Acero (la "cortina" del título en castellano debería ser más bien "telón") se pasa a la Alemania Oriental para trabajar en un proyecto militar con un sabio comunista.

No voy a contar la historia por si alguien aún no la ha visto. Solo quiero destacar la escena en la que los dos científicos, el americano y el alemán, se enfrentan en el campo de batalla de las pizarras. Solo Hitchcock podía ser capaz de filmar un duelo al más puro estilo del oeste en el que en vez de pistolas y balas se utilizan tizas y ecuaciones (► fotograma).


Título original: Torn curtain. USA, 1966. Dirección: Alfred Hitchcock. Guión: Brian Moore.

Esta bonita ilustración de una Biblia medieval refleja espléndidamente la contradicción que supone para la teología la existencia de leyes naturales matemáticas. Ese dios midiendo el mundo con su compás resulta, cuando menos, patético. El ser creador y todopoderoso se ve sujeto a la matemática y obligado a adaptarse a ella en su labor creadora.

La identificación que tantos han hecho entre pensamiento divino y geometría es un absurdo surgido de la necesidad que han sentido algunas religiones de asumir en su seno la aparente matematicidad del mundo. Pero resulta evidente que lo que es tan racionalmente económico para los ingenieros o arquitectos humanos es por completo superfluo para un dios: ¿qué necesidad tiene un ser omnipotente de ajustarse a un sistema? Evidentemente ninguno.

Una explicación a esta paradoja la podemos encontrar en aquello que dijo el viejo Nietzsche de que el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza. Siendo así, es lógico que los inventores de Dios viesen en Él sus propias limitaciones y le convirtiesen por tanto en geómetra.

También tenemos aquí el conocido argumento del relojero: "si existe un reloj debe existir un relojero", con lo que se pretende decir que "si existe un orden debe existir un ordenador", tarea esta que le endilgaron a la divinidad. Para aquellos que aún creen en esta falsa inferencia, les aconsejo que lean cosas acerca de evolución, caos matemático, teorías de la complejidad o, simplemente, mineralogía.

Un poco de arte comparado: el poeta e ilustrador William Blake usó este motivo al menos en dos ocasiones: una para representar a Urizen y otra a Newton.

Más: otro dios geómetra aparece en El sentido de la vida de los Monty Python.


Dios mide el mundo con un compás. Ilustración de una Bible moraliseé, c. 1250.

Las obras de Chillida, se trata de una opinión personal, como no podía ser de otra manera, dicen poco si se contemplan aisladamente: uno se encontrará ante una piedra horadada por túneles prismáticos, o un trozo de chapa con un par de ojuelos, o un inmenso asiento de cemento, o simplemente un papel en el que unas bandas negras se abren en dos como si de la pinza formada por un pulgar y un índice se tratase.

Sin embargo, cuando se ve el conjunto de su obra la cosa adquiere cuerpo: uno aprende a relacionar las formas, y a apreciar la unidad que esconde la variedad de los materiales que utiliza. De algún modo uno se da cuenta de que detrás de todos aquellos alabastros, hierros, maderas y papeles, hay alguien.

El colmo de lo dicho se produce en Chillida-Leku: en un entorno increíble de árboles y montes, una pradera, un bosque y un caserío esconden piezas de las distintas aproximaciones que realizó Chillida a lo que fuese que estaba buscando: allí los bloques de piedra con cavernas cúbicas o los grandes dedos metálicos que intentan atrapar el viento encuentran su lugar.

Quizá esa sea la pega más grave del sitio: que allí todo cuadra demasiado bien, todo resulta demasiado amable, supongo que para mayor gloria del autor.

A título de curiosidad diré que una de las obras allí expuestas se llama Homenaje a Luca Pacioli.


Obras de Chillida. Museo Chillida-Leku. Hernani, España. Fotos: A. web: www.museochillidaleku.com

De esta película, aparte de sus bonitos colores sepia, lo más interesante es ver a la guapa Gwyneth Paltrow con los Principia Mathematica de Isaac Newton bajo el brazo.

Bueno, eso, y la escena en la que se le estropea la pistola de rayos al protagonista. El momento es de máximo peligro, por lo que el héroe, desesperado, le pide ayuda a su ingeniero. Entonces éste, sin pensárselo un momento, le contesta: "agítala".

Es una pena que la historia sea tan mala porque su anticuado futurismo steampunk resulta muy sugerente.


Título Original: Sky Captain and the World of Tomorrow. USA, 2004. Dirección: Kerry Conran. Guión: Kerry Conran.

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Alberto Rodríguez Santos
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Última actualización: 19-2-2008.