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MATERIA Es una playa de cuerpos desnudos en azules y verdes y ocres.
Son dos opulentas mujeres cogidas de la mano mientras corren alborozadas.
Está en las montañas cuadriculadas y en los tocadores repletos de frascos, de botes, de cremas, y en las bailarinas azules.
Es una guitarra rota y una ventana rota y un desayuno con vistas al mar.
Es el viento que aventa las hojas de los árboles que se retuercen quejumbrosos dibujando en el aire.
Es la alegría de la infinita variedad, de las combinaciones azarosas, de las diez mil formas que hacen tan distintas nuestras miradas y nuestras vidas.
Es la sustancia de las cosas y de los seres, la pasta de nuestras creaciones, la pasta que cubre lienzos y espacios y existencias.
Muslos, pirámides, las estrellas y tus pensamientos, los peces de colores, la lluvia, turmalinas y océanos, las cifras y los gatos: la esfera que se hizo pedazos y al liberar la materia de su perfección pudo ser nosotros y tantas cosas y luminosa y azul y sobre todo materia.
Porque todo es materia, dúctil, dulce y maleable materia. |
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LECCIÓN DE ASTRONOMÍA Expulsamos a los dioses y encastramos los planetas en esferas de cristal.
Derruimos las esferas y sus epiciclos y llenamos el universo de fuerzas y grácil éter.
Vaciamos el cosmos de sustancia y convertimos la gravedad en geométrica ecuación.
Pese a todo, lo cierto es que los planetas se mueven indiferentes a leyes y teorías.
¿Cómo tú y como yo?
Exacto.
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EL ESPESOR DEL PRESENTE En este mundo de simas insondables y de tiempos y conciencias que funámbulas pasean por la cuerda sonámbulas en sus noches y en sus vidas de instante único parece existir un tiempo mínimo entre sucesos que es terca y solitaria medida del espesor del presente.
Quizá la gran máquina deba tomarse un respiro entre posibilidades, quizá el azar deba calcularse, quizá no sea tan fácil encontrar la sorpresa que vendrá.
O quizá no sea más que el ancho de la nada, el abismo entre instantes, la coma entre dos pensamientos, entre dos momentos... de lucidez.
¿Y mientras tanto?
Con tu permiso, me gustaría soñar que de nuevo te hallaré al otro lado. |
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AQUELLA SEDA CHINA Tras aquellas puertas los objetos aparecen recubiertos de imágenes superpuestas, de capas de veladuras y arrepentimientos que describen como fantasmales siluetas los lugares y los tiempos de existencia de las cosas.
Si cruzas aquellas puertas de cristal los ocelos y los desgarrones del leopardo y del tigre dejarán sus huellas en los suelos lustrados que de Iznik a Isfahan acarician las sedas brocadas de fascinantes protagonistas de cuentos y noticias.
Extrañas resonancias tienden puentes de niebla entre las palabras y las historias evocadas por las cosas y sus signos y hacen de la diferencia precisa congruencia.
Bastarán un pavo real y un pelícano para convertir lienzos y bronces en tratados acerca de la inmortalidad y el suicidio; bastará un escudo de Medusa y un búho por cimera para que Atenea robe a Alejandro su rostro juvenil; bastará en fin un elegante entrelazado para que el Maestro de los Nudos proponga lo inextricable.
Tras aquellas puertas de cristal te espera un mundo infectado de ficción, un mundo denso y sutil, el entramado simbólico de los caprichos congelados de los dementes descubridores de semejanzas.
¿Has estado allí?
Desde hace mucho es mi hogar, esa estela que deja la realidad cuando se agita un poco, esa tierra de nadie entre la descripción y la explicación, el lugar donde sobre tus menudos rasgos puedo contemplar superpuestos nuestros días y nuestras noches, los lugares y los paisajes que hicimos propios, tu risa y el agudo aguijón de tus palabras, y sobre todo tu luminosa percepción de este mundo imaginario. |
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EL PRINCIPIO DE IDENTIDAD Muchos son los que aborrecen el principio de identidad porque ven en él la fuente de todas las esclavitudes.
Ser iguales a nosotros mismos, dicen, es como permanecer, como seguir impertérritos ante las variables del mundo, como cosas, estáticos y muertos.
Que lo uno sea igual a sí mismo exige que lo uno se duplique para la comparanza, y luego triplique para que el tercer hombre sirva de interfaz, dijo Platón.
Pero se me antoja fácil y suave la solución: mirarnos en torpes espejos de plata y conformarnos.
¿Podremos entonces seguir siendo?
Claro que sí, mi amor: bastará que te sigas pareciendo a como eras para que mi deseo permanezca idéntico. |
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MEDITERRÁNEO A la sombra del olivo los hechos han dejado de existir durante un instante de fragancias.
El mar refleja el luminoso azul del cielo y la brisa refresca mis párpados cerrados.
Algo más abajo se oye el envite salado de las olas.
Estas a mi lado: lo sé por nuestras manos.
Lo demás es literatura. |
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PAISAJE CON FIGURAS Nos bastan dos masas de color, horizontalmente fronterizas, para presentir un horizonte infinito.
Nos basta una mancha blanca, delgada y vertical, para adivinar una presencia.
Tierra, mar, cielo: superficies informes y gigantescas que nos contienen distantes y ciegas.
Me fascina imaginar la búsqueda desesperada de los colores exactos de la infinitud: piensa en la mirada perdida, día tras día, en un cielo siempre cambiante persiguiendo quizá uno quizá todos los matices de un celaje huidizo y cambiante.
Imagina, día tras día, empezar de nuevo el mismo cuadro con el trazado de esa línea que es el cierre mismo del tejido de la realidad.
Formas, sonidos, palabras, da igual: signos para atrapar lo universal, trampas para sorprender al creador.
Puede que el placer esté en la búsqueda, pero tras la obsesión parece esconderse la sospecha de una idea, el afán de descubrimiento, acaso un mítico deseo de delación.
Vidas dedicadas en suma a la repetición sin fin de un esquema.
Todo, una vez más, por un si acaso.
Sus productos son hermosos.
Ya, pero yo pensaba en la tragedia anunciada de buscar el momento perfecto entre momentos iguales. |
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CARICIAS No, no creo en nada, ni en la luz de la mañana, ni en las palabras que zumban como moscas en mis oídos ni en ti, mi amor.
¿Me hablas a mí?
No, no creo en delirios mesiánicos, ni en las verdades cuadradas que niños de blanco remachan en moldes circulares, ni en la acumulación irremediable de anécdotas.
Entonces, nosotros...
No, no creo en la realidad pertinaz ni en sus imitadores ni en sus refutadores ni en las casualidades que la remedan y rebaten.
Yo no soy...
No, no creo en paraísos, ni en mares subyacentes, ni en estructuras autosostenidas ni en mundos de universales.
Pero tú ... me sientes.
Claro, mi amor, por eso me gusta vagar por tus paisajes imposibles, por las mil cuencas discretas y continuas y catastróficas de tu cuerpo topográfico.
Estás loco.
Lo sé, pero permíteme que juguemos una vez más.
Dejaré que me acaricies.
Gracias. |
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ENFOCANDO Miro por el negro tubo que es túnel y camino obligado sin ver las siluetas de las formas que como manchas se mueven y llenan el disco luminoso que al fondo y como entre brumas indica la dirección de mis pasos vacilantes a través del tiempo asimétricamente eviterno de mi existir.
Miro atrás y casi me ciega la nitidez hiperreal de las escenas de mis pasos vacilantes.
Miro hacia delante y la bruma ignorante me impide ver los bordes y perfiles y convierte lo indefinido en ilimitado e infinito.
Después los sabios vientos disipan las nieblas, descartan posibilidades y afinan las siluetas.
Cada soplo muestra el paisaje más nítido, mejor enfocado, e inexorablemente menguado.
Y es que el pasado le roba al futuro no solo tiempo, sino misterio. |
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RECUERDOS GENÉTICOS La lluvia, el fuego, el mar: sonidos, olores, visiones que hipnotizan.
¿Por qué?
Chisss: el gen está recordando. |
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ADIVINANZAS 1.
Espejo del cielo, no es cruel: es inhumano.
2.
Lo que queda tras obviar el universo.
3.
Ambición, sueño y víspera eterna. |
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LATIDOS Hace unos días tomé conciencia sin saber cómo del palpitar de mi corazón, y desde entonces percibo cada una de sus contracciones y dilataciones, y vivo aterrorizado pensando en el castigo que le inflijo simplemente viviendo.
Es ahora mi tiempo discreto: sordas explosiones se propagan desde las profundidades a la superficie de mis sentidos y me avisan de la inevitable caída en la nada de ese instante que nació y murió con el último latido de mi músculo cardiaco.
Lo que antes era tan solo el rumor de fondo, el monótono zumbido de la existencia, se revela ahora, en su rico detalle de ritmos y frecuencias, de alteraciones y arritmias, coro de mis actos y pensamientos.
Pensé exigirle sustancia a mis pasiones y así ahorrarle a mi corazón despilfarros inútiles, pero el problema es insoluble pues es contradictorio considerar para la vida peligroso el vivir.
Lo que sí es cierto es que esta absoluta toma de conciencia de la paradójica bomba de tiempo que, inexorable, me recita al oído mi personal cuenta atrás ha terminado, definitivamente, con la ilusión.
¿Qué ilusión?
La del suave y lento transcurrir de los días. |
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LA MARIPOSA La he visto pasar a través de mi ventana con su vuelo torpe y convulso y sus enormes alas amarillas y negras.
Durante unos instantes ha revoloteado frente a mi ventana, en lo que he pensado un improbable acto de vanidad.
Aunque breve, he experimentado el encuentro con la solemne intensidad de los momentos reveladores e irrepetibles.
Y luego se ha ido.
No: se la ha comido un pájaro. |
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LOSANGES Me sentía angustiado, como esperando a alguien, como acosado por los ausentes.
Por eso corría por aquel jardín de planos colores y cartón piedra en el que la luz que iluminaba el cielo, rojiza y brillante, se elevaba desde un horizonte absurdamente cercano.
En el edificio de lienzos pintados leí “no entres sin disfraz” y vi una flecha que indicaba una caja que contenía un disfraz que era de Pierrot.
La fiesta era inmensa, y blanca, y blancos eran los techos y suelos y paredes y la barandilla de la alta galería, y éramos miles y blancos los pierrots que bailábamos en silencio sin música, sin palabras, solo el frufrú de seda, solo el frufrú, hasta que el tintineo nos hizo perder el paso y el gesto y la cuerda sonrisa.
Oía los cascabeles como si volasen, pero no los veía, de un lado a otro tintineando siempre ocultos tras los pierrots que, como blancas peonzas, giraban buscando a sus espaldas el destello de color que hería la fiesta.
Súbitamente el tintineo cesó: y súbitamente supe dónde estaba: apoyado en la barandilla, mirándome desde lo alto.
Le perseguí por escaleras infinitas, por pasillos curvados y salas de altas bóvedas, pero Arlequín no parecía cansarse de rasgar la blancura con sus diamantes de sangre.
En el tejado, al paso de las gotitas de lluvia, el aire nocturno crepitaba eléctricamente sobre la piel y las pestañas.
Quizá por eso Arlequín arrojó lejos su sombrero y dejó que su largo cabello le cayese sobre la espalda.
Después se desnudó lenta, muy lentamente, como dándome tiempo a aprender su cuerpo tan solo cubierto de agua y luz.
Mirando casi me olvido, y solo el gesto de su mano llamándome a su lado me hizo recordar: con la velocidad del pensamiento me abalance sobre sus ropas, las robé, y huí. |
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EL TITIRITERO ABSURDO El titiritero absurdo, deseoso de aplausos, construyó marionetas con manos para el aplauso y después les escribió historias en las que le olvidaban, a él, al titiritero absurdo, y llenaban el teatrillo de ofensas, palos y dolor.
El titiritero absurdo, ciego de ira, incendió el teatrillo y dejó que las llamas prendiesen en los hilos resecos y la carcoma mordiese los duros cuerpos de sus marionetas.
El titiritero absurdo, en posmoderno arrebato, escribió historias repletas de títeres que escribían historias repletas de titiriteros absurdos por los que luchaban a palos mientras sus hilos se enmarañaban inextricables.
Un día, el titiritero absurdo, aburrido de tantos titiriteros absurdos, construyo una marioneta a imagen de su hijo absurdo para que le diesen de palos y así conseguir por fin los aplausos que aunque vicarios siempre soñó de sus absurdos muñecos.
Esta mañana he leído que el titiritero murió, aunque no así el absurdo. Quizá por eso sus marionetas sigan aplaudiendo.
Y dándose de palos. |
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EL HUEVO Y LA GALLINA Cuando otros confunden cimbras y andamios con huesos y tendones y el viejo barón tira de sus propios cabellos para sostenerse en el aire,
mientras huevo y gallina resuelven su contencioso y el universo se justifica a sí mismo diciendo “algo tenía que ser”,
nosotros nos disfrazamos de flecha para dotar de sentido al espacio y saber hacia dónde ir.
Como perros persiguiendo su propio rabo, vamos.
Pues sí. |
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CONTADOR DE HISTORIAS El contador de historias, todas las mañanas, se preguntaba por qué había querido ser, sin dudas y desde siempre, un contador de historias.
En algunos despertares al contador de historias le bastaba recordarse en la plaza rodeado de oyentes para sentirse creador y poeta y endulzador de vidas.
En otros más abstractos amaneceres consideraba el contador de historias el deseo de contar historias como la consecuencia de albergar en su interior algo muy especial que debía ser dicho.
Un día, el contador de historias sintió unas inmensas ganas de contar historias: convocó a su público, vistió su traje multicolor, les miró fijamente y su dispuso a hablar.
Sin embargo, el público esperó, y esperó, y nada llegó a sus oídos porque aquel día el contador de historias descubrió que nada tenía que contar.
Perplejo, el mudo contador de historias supo entonces que su necesidad no era la de contar historias, sino la de contar.
¿Y qué hizo entonces el contador de historias?
Buscar historias. |
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EN LA NOCHE CERRADA Aunque al mirarte sepa que eres roca, y tu luz albedo, y tus mares desiertos, y tus sombras cráteres, basta que en la noche cerrada surjas tras las nubes opacas y te levantes por encima del bosque, mítica y brillante, para que los calveros habitados hiervan de cantos de bestias y yo me estremezca imaginando lo imposible. |
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UNICORNIO El apuesto caballero de brillante armadura y la doncella montada en palafrén cruzan la floresta en busca del calvero donde saben retoza el unicornio.
El blanco animal amagará la huida pero el aroma de la virgen le amansará y le hará buscar cobijo en su inmaculado regazo.
Solo entonces el caballero matará a la indefensa bestia, teñirá de rojo el blanco vestido de la bella y alzará enhiesto el arrancado trofeo, el cuerno espiral.
Es una historia cruel.
Cosas de los cuentos de hadas. |
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DISNEA A veces me olvido de respirar.
Normalmente me ocurre durante apenas unos segundos, la duración de un recuerdo sin consecuencias, tras los cuales de un golpe exhalo el aire agostado y recalentado de mis pulmones y resuelvo la carencia de oxígeno con ansiosas inspiraciones.
Antes los consideraba simples despistes.
Con menos frecuencia ocurre que los olvidos duran más tiempo, suficiente para revivir una experiencia fundacional, tras el cual emerjo angustiado y enfermo, temeroso de que sea demasiado tarde, de que algo no funcione, de no ser capaz de inflar mi pecho lo bastante.
Acabo de preguntarme si me habré olvidado de respirar.
Naturalmente, tengo miedo. |
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VISIÓN DE FUTURO Me bastó ponerme en camino para descubrir que es visión de futuro lo que miramos al andar.
Bajando la ladera vi la aldea donde te encontraría al atardecer.
Desde los invernales pude distinguir la cabaña que sería mi descanso.
Cruzando el umbral pude contemplar el vientre que me daría cobijo.
Ya llegado miré tus ojos, que también hablaban de futuro. |
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ATENCIÓN Que la atención espesa el tiempo es algo que sé desde siempre, y por eso me esfuerzo constantemente en dar significación a mis instantes por el método de hacerlos presentes pensándolos, lo que me convierte en observador permanente de mi transcurrir y por tanto de mi propia observación, que resuena y acopla en estridencias a veces difícilmente soportables por lo que tienen de circulares y ruidosas.
Fíjate, fíjate bien, me digo, fíjate y no pierdas la atención, me digo, fíjate y no pienses en nada excepto en este tiempo para que se congele y pare, me digo, y puedas modelarlo como arcilla, como barro, como plástica materia quieta en la que te puedas instalar y permanecer, me digo.
Pero una y otra vez, como si fuese un despertar, vuelvo como de un sueño con haces de recuerdos de un pasado que es mío pero que ha pasado sin estar yo exactamente allí, solo mirando pero sin estar yo, solo observando pero sin estar yo exactamente allí, solo observando sin estar exactamente allí un tiempo que ha pasado sin que yo, sospecho, le haya prestado la atención debida y necesaria para estar exactamente allí. |
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TRAS LA VENTANA ¿Has probado a dejarte mecer por las corrientes oceánicas o por los vientos solares o por el simple runrún del cerebro puesto en punto muerto mientras tras la ventana, abajo, la gente pulula en las calles?
Quizá me niegues la posibilidad de que un orgánulo protoplasmático sea un buen ejemplo de libertad, pero a mí se me antoja el colmo de la dicha asesinar el tiempo apostado tras la ventana mirando sin mirar.
¿Sin pensar?
O pensando tan solo en aquello que dejé de hacer.
Si es lo que quieres...
No, no, sin querer, es mejor sin querer. |
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EL INSTANTE PRESENTE Tres: somos tres: quien habita mi memoria, el que imagino seré, y esta cosa que se arrastra lastimosa por el instante presente, valga la paradoja, ...
...aunque en realidad son los otros legión, tantos como recuerdos, tantos como posibilidades, mientras que esta cosa que se arrastra lastimosa por el instante presente apenas si es uno.
Pero todos se apoyan en él, y le exigen coherencia, y le piden mesura, y le reclaman deudas, y le tientan, mientras que esta cosa que se arrastra lastimosa por el instante presente apenas si sabe cómo seguir siendo mientras salta de instante en instante.
Por eso desearía no ser el único activo de sociedad tan numerosa y poder disfrutar de su único instante de gloria con el despreocupado aire del irresponsable y no ser sin embargo esta cosa que se arrastra lastimosa etc. |
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MOMENTO ANGULAR Me siento un poco como una peonza parada: asimétrico y tirado.
Normalmente el giro me estiliza y eleva helicoidal.
Las cosas que hago me comunican un ímpetus circular que me anima a hacer las cosas que hago.
A veces mi eje pierde algo la verticalidad, pero me digo “trabajaré más” y mi ángulo recupera la ortogonalidad perdida.
Mis pesadillas son estáticas sensaciones de reposo en mundos con un frente que veo y un detrás oculto y amenazante.
No sé cómo pero siempre queda algo de la lucha entre el centro y la centrífuga pues una y otra vez recupero mi rotación y la orientación en el tercer eje.
Será una tontería, pero se me antoja la muerte como una clase de quietud horizontal.
Hoy me siento un poco como una peonza parada: asimétrico y tirado.
Aunque ya, ya me viene de nuevo la suave sensación ascensional del viento espiral. |
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APARTADO DE MÍ Llevo días sin conversar conmigo y hecho de menos esa intimidad que es quizá el último anclaje con un mundo que percibo cada vez más ajeno y lejano.
Son plétora las excusas que me alejan de la introspección y me sumen en la acción incesante y estupefaciente, en la alienada y autojustificada actividad del intelecto.
Pero yo sé que no otra cosa que el cansancio de mi mismo me mantiene apartado de mi mismo. |
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ALGUNOS OLVIDOS Inquietante es olvidar la palabra que indica que tejas y escamas se superponen parcialmente, la idea que relaciona los planetas con las cigarras, la irrefutable demostración de la inexistencia del mal, el nombre de aquella chica que me besó con los labios en forma de o, el más reciente sueño, o el genial pensamiento que hace unos instantes ha colonizado mi mente y que nada más llegar se ha hecho humo en mi conciencia dejándome solo su estela: la emoción de haberlo pensado.
Todo ello es inquietante.
Pero solo olvidar que olvidamos es irreversible. |
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RESONANCIA Hay algo obsceno en descubrir en el espejo las razones de ese gesto involuntario.
Lo definido se pregunta por la definición y el pensamiento conoce su origen secreto.
Llamamos conciencia a la sorpresa de descubrir en nosotros un pensamiento.
Las causas de los pensamientos se hacen pensamiento al ser pensadas y las unas y los otros se acoplan con ecos ensordecedores.
Es cómico e imposible el individuo que siente y sabe por qué.
Se ha cerrado el círculo. |
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ME APETECE HOY HABLAR DE SENSACIONES Allí, en la oscuridad de un lugar nuevo, rodeado de mis cosas de siempre, de mis sonidos de siempre, sobrio y solo, descubrí, emocionado hasta el llanto, que me habían dejado en paz: me sentí libre.
¿Libre?
Ya, ya sé que es mera ilusión. Pero qué hermosa sensación.
¿Y te basta?
Fue aquel un instante de plenitud.
Felicidades. |
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PROVISIONALIDAD II Solo los días repetidos aportan la paz del tiempo sin atributos.
Solo una sucesión de momentos iguales me podría librar de la sensación de destino.
Infinito, homogéneo e isótropo como el espacio sistemático, así deseo mi tiempo: una vida de instantes sin características.
Olvidar el primer día de todos los demás. Ser hombre de biografía redundante. Ser de los que siempre estuvieron ahí.
Experimento sin embargo mi vida como una preparación.
Por eso odio este universo cambiante. |
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LUCIDEZ Una heladora mañana de invierno, transparente y azul.
El repentino descubrimiento de un error, el súbito recuerdo de un instante ridículo.
La comprensión clara y distinta del indiferente discurrir de las estaciones y de los días y de cada uno de los segundos de las horas indiferentes.
Ser espectador de espectadores, y de danzantes, y de reflejos inmisericordes.
Convivir serenamente con el “para nada” y el “porque sí”.
El vicio de conocer las causas ocultas que invalidan los efectos de las causas presuntas.
La sensación de fracaso que acompaña el éxito, la insoportable levedad de la fiesta, el deseo de huir al amanecer, la añoranza de la soledad, el tedio en compañía.
Bajas apuestas. Estar sin ser.
Pero, sobre todo, la sospecha confirmada de la propia futilidad. |
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SI TE DIGO MUERTE Si te digo muerte se teñirá tu mente del azul y blanco de cielos algodonados, del negro del silencio y la tumba o del rojo de las llamas del infierno.
Si te digo muerte recordarás algunas ausencias, momentos de dolor y quizá alguna liberación.
Si te digo muerte sentirás extrañeza, curiosidad o inquietud.
Pero no quería yo estimular tu imaginación. Solo pretendía recordarte que vas a morir, y que un día los colores, los recuerdos y las sensaciones dejarán de ser asunto tuyo.
¿Me lo puedes repetir?
Te vas a morir. |
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INMORTAL Si fuese inmortal destilaría extravagantes metáforas que te brindaría a la luz de la Luna.
Si fuese inmortal buscaría las más pintorescas analogías para urdir la trama secreta del mundo.
Serían mis fuentes guías de teléfonos y anuarios, sentencias y esquelas, y rastrearía en boletines y diarios los infinitos detalles de la realidad.
Si fuese inmortal escucharía la charla ínfima de mis congéneres y el parloteo de los niños.
Si lo fuese fotografiaría los rostros de las gentes para componer el diccionario de todos los rostros donde todos nos pudiésemos reconocer.
Recorrería el mundo en busca de todas las preguntas y de todos lo nombres de dios, y llenaría cuadernos sin número con todos los cantos de muerte.
Si fuese inmortal buscaría el día perfecto y lo repetiría mil veces hasta aprender cada uno de sus instantes y convertirlo así en módulo de mi vida.
Estas son la cosas que haría si yo fuese inmortal. |
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ILUSIÓN Es tan solo ilusión de libertad, pero es que nunca es algo más, saber que, despojado el mundo de escamas y colgaduras, el residuo sólido es tan solo ligeramente distinto de nada.
Es tan solo ilusión de libertad, pero dulcísima, abandonarse al involuntario devenir de lo que es “porque sí”.
Es tan solo ilusión de libertad, pero tan ansiada, haber dado contestación a sus preguntas sin respuesta y dado fin a sus amenazas transmundanas.
Es tan solo una ilusión la libertad.
Claro, una ilusión, es decir, la máxima forma de la existencia. |
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CUANDO YO MUERA Cuando yo muera apenas habrá gente alrededor.
Cuando yo muera apenas dejaré anécdotas que recordar.
Cuando yo muera de nada servirán zarcillos ni rizomas ni prótesis magnéticas.
Cuando yo muera ni siquiera mis obras serán réplicas de consideración.
Y no es que me importe lo que ocurra cuando yo muera.
¿Entonces?
Me pregunto por ahora. |
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CONTRADICCIONES Me gusta pasar de puntillas por la vida como un gimiente ratón berlinés, pero el macho alfa, o gamma, no sé, se golpea el pecho y escribe iracundo versos de amor.
Me gustaría habitar subsuelos y jardines nocturnos pero el otro husmea desesperado el aire a la busca de lucernas y tornavoces.
Huyo de los foros para competir con los muertos, y con los que morirán afamados, y con aquel que diseñé.
Fue mi hermano, fue mi enemigo quien me mostró la trivialidad de la pasión y la emoción de lo fútil y lloro y me ruborizo ante la revelación de tan fabulosa y monumental estupidez. |
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EL TIEMPO PASA TAN DEPRISA... Ignoro tantas cosas y el tiempo pasa tan deprisa...
Me acuso de sentirme más a gusto entre muertos que entre vivos: son los muertos más sabios y silenciosos, más necios y locuaces los otros.
Hay tanto que aprender y el tiempo pasa tan deprisa...
Son los pensamientos especie en vías de extinción: fuera de los zoológicos de papel tan solo unos pocos agonizan.
Son tantos los nombres y el tiempo pasa tan deprisa...
Por eso maldigo ser un cromañón condenado como todos a recorrer, desde la casilla de salida, la misma fastidiosa espiral. |
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LAPSOS Otra vez, otra vez el tiempo ha vuelto a dar un salto, otra vez me ha burlado todas esas experiencias que ahora se disfrazan de recuerdos, otra vez ha pasado sin darme cuenta.
La noche de los regalos no podía dormir y hasta los latidos parecían demorarse, pero me consolaba obligándome a recordar cómo las noches se desvanecían de pronto al despertar.
Eran maravillosos los brincos del tiempo cuando era niño y eterno. Pero el propio tiempo me hizo mortal y esas ausencias me duelen como muertes.
Lucho por mantenerme despierto, por no ceder a la pesadez de los párpados, por ser consciente de cada instante, por impedir su marcha, por evitar el salto.
Pero es inútil. La última vez han sido cinco años.
Quién sabe cuando volveré a saltar. Quién sabe hasta cuándo. |
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ÁRBOLES
El sendero asciende, por la ladera, a través del bosque denso y umbrío.
En él los árboles, altísimos y paralelos, compiten sin piedad por alzar sus manos y capturar para sí la luz del sol.
Más arriba el aire se hace más frío, el bosque ralea y parece perder interés por las alturas.
En él los árboles se ensanchan y retuercen en imaginativos gestos con los que se burlan de los caprichos de las rocas y del viento.
Al coronar el puerto el terreno se hace pedregoso y el bosque desaparece.
Sin embargo, entre los canchales, achaparrados y solitarios, algunos árboles perviven asomados al valle que discurre a sus pies.
Y es que la vista desde aquí es magnífica. |
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DE CRISTAL
Un viento del norte sopló, desnudó la tierra y les mostró su piel de cristal.
Después, una tormenta de hielo acuchilló sus cuerpos e hizo de su piel monda de naranja.
Sintieron pánico y sintieron miedo y sintieron que estaban solos y que era su mundo una esfera de cristal y su yo apenas si una monda de naranja.
Vieron algunos fragilidad en la transparencia: cubrieron el suelo con ocres materias y restañaron con lañas sus helicoidales heridas.
Se hicieron sedentarios, y fabricantes de alfombras, y se olvidaron.
¿Todos?
No: algunos se atrevieron a hollar la pulida superficie del mundo y a husmear el interior de sus cuerpos hendidos.
Y se hicieron nómadas, y fabricantes de lentes, y se olvidaron.
¿De qué?
De los vientos, y de las tormentas, y de la misma tierra, de la que nunca supieron la verdad.
Que es...
Que ni siquiera es de cristal. |
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DUDA
El estado de lucidez al que me veo abocado hace tan transparente el mundo que a veces parece dejar de existir.
La nada si es algo es fría, despiadadamente fría, y ofrece pocas excusas y ningún consuelo más allá del que ofrece saberse en ella.
Por eso resulta tan sorprendente, y dulce, hacer cosa de dos lo que es tarea solipsista y compartir espontáneamente miradas de incredulidad.
Y es que de cuantas presencias he creído percibir hasta hoy, solo la suya ha resistido mis más extremos momentos de lucidez.
¿Y no dudas de ella?
Claro que sí: pero es una duda tan preciosa... |
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CIFRA
Aquel hombre se vio en un libro:
como un espejo las páginas reflejaron: sus sueños y la vigilia de sus sueños; sus bucles y sus números transfinitos; su tigre y todos los tigres; el suyo y tantos arquetipos que desfilan ahora; las cuatro metáforas y el tiempo, que pasa sin ser; su muerte y la del otro; su libro y todos los libros y todas las palabras y todas las nostalgias de todas las palabras, que son deseos. Y nostalgia.
Aquel hombre se vio en un libro.
Y supo que él era la enésima ocurrencia.
O tan solo lo soñó. |
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LECTOR
Él es apenas una ficción, un fantasma de un país imaginario.
Me ha escrito.
Se dirige a su hamaca, al fondo del patio, bajo el árbol de laurel.
Va a leer mis poemas.
Es un proyecto que me ha hecho conocer.
¿Habrá llegado ya al fondo del patio?
Me da vértigo pensar en lo que ocurrirá cuando comience la lectura.
¿Estará ya bajo el árbol de laurel?
Ha sido tomar conciencia de su realidad y entonces me he sentido del lado de la ficción.
¿Se habrá echado ya en la hamaca?
Precisamente la hamaca, el patio y el árbol de laurel me hacen mirar a mi alrededor...
-sí, sin duda ya está leyendo-
... y descubrir la neblina que esfuma cuanto me rodea.
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MÁS QUÍMICA
Escribí una vez “química, pura química”: ocurre cuando pasas a mi lado, cuando entre miles sorprendes mi mirada fija en tu piel, cuando vestida para mí de negro me sonríes en los andenes.
Y por eso, porque es química, pura química, nada te he dicho, pues mis palabras hubiesen sido infinitas, enamoradas y eternas, cuando yo sé, como tú, que tan solo es química, pura química.
Quizá si olvidásemos las palabras... |
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EL ENEMIGO
Soy fuerte y espero al enemigo.
Sé que vendrá porque estoy aquí, esperándole.
Confío en la victoria: llevo una vida ejercitándome para enfrentarme al enemigo.
Sí: confío en la victoria, aunque las moscas hacen pesada la espera: es por ese zumbido constante...
Y el calor...
El enemigo, ¿por qué no viene ya? No entiendo por qué no viene: ha pasado demasiado tiempo, hay demasiado polvo sobre mi piel.
Y las moscas...
Quizá deba irme. |
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ENSEÑANZAS
Nacemos con aprioris e instintos, con las enseñanzas de eras casi eternas, con los resultados de incontables experimentos de ensayo y error.
Sin embargo, yo tuve que aprender, así lo recuerdo, los más triviales comportamientos:
solo al oírlo de un compañero supe que se podía odiar al padre,
solo viendo disfrutar me hallé capaz de deseo,
solo al calificarme los otros descubrí en mí un yo susceptible de características.
Así, mirando, encontré en los demás el secreto de los números, el aliento de las palabras y el afán de todo.
Como todos.
Si tú lo dices será, pero somos entonces rompecabezas reconstruidos con piezas ajenas.
¿Y?
Que no sé por qué si tantos pasan sin dejar apenas un recuerdo congelado otros son capaces de hacer avanzar el puzzle.
Azar.
Sin duda: yo solo trataba de decirte que un trozo de ti ha colonizado mi mente. |
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EXISTENCIA
Veamos: están los gatos, el triángulo, los dioses y los unicornios, y el geranio que tiene mi madre en el alfeizar de la ventana de la cocina.
Todos los gatos son distintos: el del callejón lluvioso, el que sonríe sin cuerpo, el que dormita y corre y ronronea, el de las pinturas, y el de tinta china, y el egipcio.
El triángulo es tan solo una borrosa superposición de cartulinas de color.
La existencia del unicornio es precaria: al carecer de observadores precisa de soñadores, de manipuladores de símbolos, de prestidigitadores de la palabra.
El geranio que tiene mi madre en el alfeizar de la ventana de la cocina existe. Hay quien niega su existencia mediante ingeniosas paradojas. Pero al geranio que tiene mi madre en el alfeizar de la ventana de
la cocina le basta un observador para existir: mi madre, tú, yo, quizá el gato.
¿Y nosotros? ¿Existimos?
Basta con que nos observemos mutuamente, mi amor. |
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ESCRIBO PORQUE NO SÉ CANTAR
En sus manos, lo que está muerto empieza a sonar: yo lo he visto.
Nunca creí en aquello tan pitagórico de la armonía de las esferas, siquiera cuando supe que el negro vacío del espacio es hervidero de huidizas partículas.
Sin embargo, la envidia me tienta a veces a pensar que hay tipos que saben escuchar el chisporroteo virtual de la nada agitada.
Solo así me explico por qué, en sus manos, lo que está muerto empieza a sonar.
Dilo de una vez.
Es cierto: si escribo es porque no sé cantar. |
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DISYUNCIÓN EXCLUSIVA
excesivo, codicioso de caos, explorador de órdenes ocultos, violador de desvanes, devorador de sustancias, demiurgo montador...
buscando un gemelo di con mi negación, o con el positivado de la negación que soy, o con la disyunción exclusiva:
la sorprendente sorpresa es comprenderle |
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FURIA Tras los ataques de furia y su consiguiente represión me sobreviene sin falta una profunda y paralizante melancolía.
Nunca sé muy bien de qué esta bilis negra es canto lastimero ni si es añoranza de un tiempo personal o tan solo genética remembranza de los tiempos salvajes de la especie.
Sea como fuere, lejos de sentir placer por el civilizado control al que someto a mis instintos la frustración amarga mi boca y me empuja tras la abyecta y sombría máscara de la vergüenza.
No pongo en duda mis actos, ni echo en falta libertad alguna: tan solo lamento esos necios arrebatos y la posterior y aún más necia y humillante sensación del deber cumplido. |
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INTERTEXTUALIDAD tíldame de poliédrico y fragmentario, de plural y dinámico, de hipercomplejo y contradictorio
búscame en los intersticios del lenguaje, en los márgenes del texto, en las notas al pie, en la periferia
mírame: soy blando, larvario y multicultural
he trazado el círculo hermenéutico, deconstruido grandes relatos, afirmado la negación y negado el logocentrismo
vamos, toma mi mano: juntos podemos tematizar la tecnología del yo y dejar huella en un nuevo, chispeante y muy diferente metarrelato
¿otra vez haciendo del vicio virtud?
me temo que sí, cariño: y de la debilidad bandera
querrás decir eslogan
o simulacro, ya puestos... |
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POR QUÉ IRRACIONALES Dijo Hume con razón que es la razón esclava de las pasiones.
Quizá halla llegado el momento de preguntarnos por qué.
Quizá sea hora de averiguar por qué nuestra irracionalidad.
Quizá beneficie a alguien.
O a algo. |
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LAS HISTORIAS DEL LIBRO Me gustaban aquellas historias en las que leones alados refulgían dorados so |