Cuatro teorías

► sector17: menú correo



Índice

























Explicación

Los escritos que presento a continuación fueron compuestos entre los años 1999 y 2001.

No creo en la inspiración pero sí en la combinatoria: quizá la particular mezcla que soy pueda dar lugar a ciertas originales combinaciones. Si es así, pues vamos bien.

A veces caigo en la falacia de la causalidad y veo que ellos fueron antes y que por tanto no soy más que una burda copia. Sin embargo, otras veces pienso que igual que solo hay doce metáforas, quizá solo haya doce rostros de los que todos somos sutiles variantes.

Un amigo me ha dicho que debo explicarme. Según él debería decir por qué utilizo términos técnicos o qué sentido tiene para mí el verso. Yo no lo creo.

Alberto, 1-7-2003



agradecimientos

La lista de los nombres de aquellos a los que uno roba imágenes, ideas o palabras es literalmente interminable, tan interminable que de solo pensar en escribirla sobreviene un ataque de absoluta ... pereza.

Además, algo hay que dejar para los críticos.

No obstante, no puedo dejar de darle mis agradecimientos a las siguientes personas:

A Margarita Santos Saldaña por ser la primera persona a la que vi con un libro en las manos.

A Juan Miguel Rodríguez por ser el culpable de que yo escriba (a mí me hubiese gustado ser músico, pero los genes de la melodía y la armonía se los quedó él íntegramente), y por ser el primero con el que hablé de esto y aquello.

A Lorenzo de Andrés, a Mª Carmen Rodríguez y a Paco Carbajo por enseñarme tantas cosas.

A Charles Bukowski por despertarme un poco; a Jacques Monod por rescatar el romanticismo del hombre solo; a Richard Dawkins por tantas reveladoras imágenes; a David Deutsch por atreverse a hurgar en la estructura de la realidad; a José Agustín Goytisolo por “perdida o sola”; a Temple Grandin por mostrarme que no soy tan raro; a Peter W. Atkins por describir elegantemente la nada organizada; a Ian Stewart por reconciliarme con las matemáticas; a Friedrich Nietzsche por hacerme sospechar; a Bertrand Russell por hacerme ver que tampoco es para tanto; a Gene Roddenberry por mostrarme la utopía; a todos los que olvido por no darle importancia; a Feynman por enseñarme a abrir cajas de seguridad; a mis alumnos por ser tan jóvenes; a Borges, por todo.

Y a Charo por compartir su inteligencia y sus emociones conmigo, entre otras cosas.

























1


cuatro teorías

El cosmos ha sido creado hace un instante.

La Tierra y los astros,

la luz y los pensamientos

y los recuerdos de tantos pensamientos,

todos,

tú y yo,

hemos sido creados hace un instante.


Pero yo no me doy cuenta

mientras contemplo

cómo los álamos incendiados

se elevan desde los barrancos

y desafían el frío azul de noviembre.


Flota mi cerebro en un gran vaso de cristal.

Está mi urna repleta de caldos nutricios

y brotan de las sinuosidades de mis hemisferios

los cables que me hablan de ti y de lo demás.

Y de mí mismo.


Pero yo no me doy cuenta

mientras contemplo sobrecogido

cómo un mar negro y silencioso

se enfurece bajo un cielo desgarrado.


El más inconcebible caos

desgobierna un universo sin símbolos.

Esto,

nuestro mundo,

todo cuanto vemos,

no es más que una burbuja de orden,

una mera casualidad.


Pero yo no me doy cuenta

mientras contemplo

cómo una luna equinoccial

sublima la nieve de los plateados cantiles.


Incontables mariposas sueñan

con una existencia humana.

Y sus sueños se entrelazan y tejen

los parcos hilos de nuestras vidas.


Pero yo no me doy cuenta

mientras contemplo

cómo la arena se hace bruma y se riza

y undívaga acaricia las gigantescas dunas

y abraza nuestros pies desnudos.


Es posible.

Pero yo no me doy cuenta.

► inicio



viento

Hace frío.

No hay ventanas ni cristales ni paredes

que impidan que el aire entre por todas partes.

La corriente se llevó el poco calor que quedaba.

Nunca sospeché que pudiese hacer tanto frío.


De joven prefería el invierno.

Disfrutaba de su tacto cortante y helado

alejado de los fuegos de campamento.


Sin embargo,

no sé,

quizá por inercia o por costumbre,

construí esta casa y la llené de retratos y cosas:

incluso disfruté del tibio placer de un baño caliente.


Y allí me instale,

en confort y compañía,

aunque antes que el rojo siempre preferí el azul

y el agua y el cielo antes que el fuego y la tierra.


Antes la plata que el oro.


Por eso estaban las ventanas abiertas.

Por eso llegaron el viento y el frío:

uno a uno los retratos se agrietaron

y las paredes bajo los retratos se agrietaron

y una a una las fui derribando

y con ellas los retratos.


Mis amigos dejaron de venir.

Preferían conservar algo de calor.

“Para el invierno”, decían.


Yo, sin embargo, rejuvenecí,

y con algo de orgullo boreal

paseaba orgulloso entre los escombros

mientras decidía qué muro sería el siguiente.

Apenas si sentía el frío.


Un día vi mi reflejo y entendí:

mi cuerpo estaba aislado,

recubierto de ropas como escamas

que eran como sonrientes retratos.


Ayer derribé el último tabique.

Solo quedan las columnas y un montón de vigas

de las que cuelgan jirones de fibras

que el viento hace restallar como látigos.

Una estructura de aire.


Anochecía cuando me desembaracé de mis ropas.

De todas y cada una.

Fue lo más duro.

Nunca sospeché que pudiese hacer tanto frío.

Nunca creí que se pudiese estar tan desnudo.


No lo podrás creer

pero tardé toda la noche en entender

que igual daba dentro que fuera.


Me han dicho que por ahí

unos tipos están aprendiendo a surcar el viento.

Y que lo hacen desnudos.


No sé:

quizá con ellos haga menos frío.

¿Vienes?

► inicio



sol

Nada hay aquí excepto significantes.

Pero yo no quiero que los animes con tus significados.


Hablan los sabios de universales,

pero solo exageran.


No hay lexicones cósmicos,

no hay modelos ni paradigmas:

solo imágenes,

imágenes arrancadas a la vida,

impresas en los registros de la memoria,

atrapadas en el incesante chisporroteo de las sinapsis.


No te confundas: no dudo que haya algo ahí fuera.

Lo que dudo es si tú has visto lo que yo.


Yo era un niño.

Allí estaba el Sol: un círculo gris en una foto en negro y gris.

Esférico, nítido, compacto.

Frío y silencioso.

Perfecto.


No puedo evitarlo: para mí el Sol es frío. Y gris.

Aunque a veces recuerdo el disco:

ese que es como el otro pero caliente

y que un día,

desde un cielo infinitamente azul,

arrancaba brillos de los neveros de las montañas

mientras yo caminaba por un sendero encharcado y marrón.


No te confundas: sé qué es el Sol.

Lo que no sé es lo que tú sabes.


Me gustaría empaparme de tus significados.

Me gustaría prescindir del negro sobre blanco

y dejar de ser lo que sea que soy

y ser tú

y mirar a lo alto

y recordar tus recuerdos

y poder confirmarte “sí, eso es, eso es mi Sol”.


No te confundas: esto no es solo un truco.

Realmente me duelen las palabras:

por favor, dilo,

di “Sol”,

dilo una y otra vez mientras busco en tus ojos

y en tu gesto

al menos una posibilidad.

Dilo.


Me gustaría tener algo más que darte,

pero solo tengo este puñado de significantes.

► inicio



lapso

A veces no es más que una palabra.

Otras,

un gesto,

un aroma,

un momento perfecto,

una sonrisa,

alguien.


Es necesario el olvido:

sin él el hijo repugnaría a la madre,

la rosa al poeta

y el hombre al hombre.


En ocasiones es solo un sentir,

un sordo rumor,

una burbuja en la punta de la lengua,

apenas un asomo de un vestido que se escapa…


Funesto castigo recordar afilada,

precisa,

nítidamente

cada humillación, cada fracaso,

todas y cada una de las mentiras dichas,

todas las cobardías,

todos los momentos de vergüenza.


Pero también puede ser aquella canción que compusiste aquel verano.

O la demostración irrefutable de la existencia de los olímpicos.

O el rostro que amaste en un hayedo.

O el sentido de la vida.

De tu vida.


Si haces por recordar recordarás tantos olvidos

que te sentirás perdida o sola

olvidada de ti,

incompleta,

entre rostros sin rasgos

y monocordes tarareos.


Malo es el recuerdo que resucita una y mil veces el dolor.

Y malo el olvido que remata lo que tiempo ya mató.


Pero lo terrible es olvidar que olvidaste

e imaginar un pasado que escapó,

líquidamente,

por los agujeros de la memoria,

llevándose quién sabe cuánto de ti,

llevándose quién sabe si lo mejor.

► inicio



los hombres de negro

¡Ciudadanos!


Unos hombres de negro

han llegado a la ciudad

y dicen que dicen cosas a los niños

sobre el sentido de las cosas.


Se introducen por las puertas y ventanas

y disfrazados de hermosas palabras

susurran al oído terribles cosas

sobre el sentido de la cosas.


De rostros pálidos

y melosas maneras

predican sin pudor

la palabra,

la fe,

el dolor.


¡Ciudadanos!


Unos hombres de negro

han llegado a la ciudad

y dicen que dicen cosas a los niños

sobre el sentido de la vida.


De olor amarillo

y aspecto anfibio

predican sin pudor

el símbolo,

el rito,

la obediencia.


¡Ciudadanos!


No podemos dejar que los hombres de negro

ahoguen la canción de la mañana.

No podemos permitir que sus hechizos y fetiches

emponzoñen el agua clara del baño de la tarde.


Por eso os digo ciudadanos

que combatamos a los hombres de negro

y cantemos todos juntos

la canción de la nada.


¡Cantad, hombres, cantad!

► inicio



personalidades secretas

Qué tierno resulta

con su dulce inocencia

y sus falsas melancolías.


Qué duro

el tipo duro que me defiende

de un mundo que me asusta,

de unas gentes que no entiendo,

joder.


No sé quién escribe.

Creo que es ese que llora por las noches.

Aunque a veces es el otro,

el que de todos hace máscaras.


Algunos casi ni son:

como personalidades ajenas,

apenas esquemas,

como trozos muertos.


Él todo lo niega,

y se ríe de tantas palabras,

y de los otros,

y susurra obscenidades

y mira lascivo los cuerpos bajo las ropas.


El asesino es un cobarde.

El cobarde lo es por imaginación.

El alcohólico,

por aburrimiento.


Meros simulacros,

apenas si reflejo de deseos ajenos,

como ese tan educado de los domingos

o ese tan seductor junto a los acantilados.


Homúnculos.

Se creen de verdad homúnculos:

estrategias,

manojos de costumbres,

impulsos intelectualizados,

reconstrucciones racionales,

traumas sublimados.


Pero son excusas:

simples caretas que no máscaras,

simples juegos de espejos,

tú y yo que jugamos

a ser algo distinto de nada,

signo contra signo,

formas prestadas,

tan solo simetrías rotas,

la esfera perfecta que se rompe

como una cascada de cristales

que se rompen

como cristales.


Dudo mucho de mis intenciones.

Y de las tuyas al aceptarme.


Si supieras…

► inicio



el grito

Me gustaría gritar pero no puedo.

No sé a quién.


Tras aprender la química de los sentimientos,

y desenmascarar al gen;

tras crear la psicología molecular,

y hacer público lo de Blancanieves,

¿qué queda?


Muchas cosas, me dirás:

y tendrás razón:

aún podemos salir a buscar contigüidades,

causalidades inesperadas,

patrones de regularidad sorprendentes

y ocultos allí en las dimensiones inaccesibles.


O disfrutar

de las viejas canciones

y de los colores

y las formas

y las creaciones

del azar desbocado.


Lo sé,

pero yo ahora quiero gritar.

Y hacerlo contra

replicantes y atractores

resulta patético.


Aún recuerdo aquellos tiempos

en los que odiar era sencillo.

► inicio


2


la de los muchos mundos

Hay una hermosa teoría,

la de “los muchos mundos”,

le dicen,

que apenas si habla del mundo,

pero habla sin duda de ti.


Hubo hombres que creyeron en la libertad.

También los hubo que lloraron ante las encrucijadas.

Los hubo, incluso, que ante la duda aprendieron a soñar,

los pobres.


Dice la de “los muchos mundos” que el Universo

no toma decisiones:

ante cada bifurcación

se desdobla grácil y despreocupado

en tantas copias como alternativas

le ofrece el azar.


Recuerda.

Recuerda los momentos de las grandes dudas.

Recuerda la renuncia implícita en cada elección.

Recuerda como la impotencia engendró en tu vientre

el grito siempre abortado del por qué esto

y no lo otro.


¿Y ahora?

Ahora imagina.

Imagina tu cuerpo deslizándose a través del vacío,

arrastrado por las sutiles corrientes que surcan el espacio.

Imagínate mecida por la dulce sinfonía de las estrellas,

acariciada por el suave y aterciopelado tacto de la nada,

mientras tus pensamientos se ordenan, se combinan,

danzan en contradanza en hermosos palacios de cristal.


Y entonces,

imagina:

Imagina que todo deja de tener sentido:

que el cosmos se hace caos;

que la abstracta y matemática negritud se torna roja realidad.

Algo ha roto el equilibrio.

Algo ha despertado a los perros de la guerra.

Alguien ha invocado al demonio de la duda.


Y en el centro del Universo

se ha abierto un calvero.

Y en el centro del calvero,

una palestra.

Y en el centro de la palestra,

la tentación,

Lucifer,

vestido de Armani,

hermoso como un Sol,

sonrosado como la Aurora,

el Señor de las Moscas,

abre su negra boca y te dice:


“¿Quieres seguir?

¡Elige!

¿Qué camino deseas?

¡Elige!

¡Solo depende de ti!

¡Es fácil! ¡Es fácil!

¡Solo tienes que desear!

¡Elige!”


Dice la de “los muchos mundos” que el Universo

no es uno

sino infinitos,

y que en todos

y en cada uno

copias casi perfectas de nosotros mismos

continúan el camino

y todos los caminos.


Ahora olvídate de todo

y acuérdate de ti.

Y piensa:

pero no en el Camino,

sino en las sendas,

y en las veredas,

y en las trochas que arañan la tierra.


Cuando estés preparada

percibirás un leve temblor,

una vibración que le arrebatará sustancia a tu carne

y color a tus miembros.

Tus manos adoptarán la calidad transparente de la nada;

tu forma única se hará múltiple.

Y crecerás, crecerás,

abarcando más y más espacio a cada instante,

tanto,

que el mundo,

y hasta el universo,

cabrán en tu mano.


Te acordarás entonces de aquel

que te exigía respuestas.

Le verás de frente,

y de perfil,

y desde arriba y desde dentro.

Como si fueses muchos,

como si fueses todos,

como si todas las miradas

y todos los ojos

fuesen tus miradas y tus ojos.


Entonces sabrás.

► inicio



despedida

Hoy no tengo nada para ti

más que un adiós.


¿Recuerdas aquellos consejos disfrazados de versos?

A veces me figuro lo patético que pude resultar

previniéndote contra recuerdos y bifurcaciones.


Pero no importa:

sé que siempre supiste

que te hablaba de mis propias miserias.


Mi nave va a partir: apenas si queda tiempo.

Estoy nervioso, he de confesarlo:

he esperado demasiado este viaje:

quizá desde siempre.


Mucho he andado hasta hoy,

imagina,

pero los caminos eran de otros.


Tuve que hollarlos para olvidar tantas enseñanzas,

y pagar tantas deudas,

y curar tantas cicatrices

que creí no tener vida suficiente.


Pero tales trabajos acabaron:

por fin el niño ha vuelto,

y con todo su egoísmo intacto.


Mi nave va a partir: apenas si queda tiempo.

Me habría gustado llevarte,

pero hubiese significado perderme tu futuro.


Volveremos a vernos sin duda,

pero debes saber que ya no seré el temeroso navegante

que quiso mostrarte rumbos seguros.


Espero que para entonces tu memoria esté henchida

de hermosos rostros,

días luminosos

y sabias palabras.


En mi memoria siempre guardaré

para ti el recuerdo de lo que fuiste.


Mi nave va a partir: el tiempo acabó.

Aunque el mío, como el tuyo, acaba de empezar.


Larga y prospera vida.

► inicio



solipsismo

He vivido tanto tiempo con el mito

que a veces no reconozco mis propias ficciones.


Por eso necesito que me ayudes.

Por eso necesito que me digas si eres.


¿Conoces el test del espejo?

Se trata de ser y saberlo.


Quiero que durante un instante guardes silencio.

Quiero que durante un instante olvides.

Quiero que penetres en la oscuridad

y renuncies a toda actividad.

No pienses.

No seas.

Espera.

……………………………

¿Lo notas?

¿Notas ese rumor?

¿Sientes que hay alguien ahí,

al fondo,

entre las tinieblas?

Quiero que te preguntes.


No lo puedo explicar,

pero quizá sí mostrártelo:

Es como jugar al ajedrez contra uno mismo.

Es como soñar y decidir despertar.

Es la pregunta que se contesta sola.

¿Soy?


Es como el juego de las diferencias.

Como dos fotografías apenas diferentes,

como dos instantes cercanos pero distintos.

Como dos gemelos,

como dos estrellas.

Yo hace un momento y yo un poco después.

Como un calco que no acaba de cuadrar.

Como un recuerdo apenas equivocado.


Yo que miro y yo que soy mirado.

Objeto y sujeto,

un chispazo entre dos placas de metal que casi se tocan,

un déjà vu,

alguien que está detrás de mis ojos,

un fragmento de memoria.


¿Sabes a qué me refiero?

Entonces cuéntame.

A veces me cuesta tanto creer que existes.

► inicio



el pasado

Desde niño he tenido la sensación de que el pasado era un sitio.


Para mí era una dimensión espacial más:

el pasado estaba ahí,

no sé,

detrás, o al lado,

no sé.


No te vayas a creer,

no fue esto un descubrimiento teórico:

se trataba de la realidad,

de montañas de imágenes repletas de pasado.


Yo asistí al Big Bang.

Y al nacimiento del Sol.

Yo vi nadar a un trilobites.

Y reptar a un pez terráqueo el día de sus primeros pasos.

Incluso estaba allí el día que aquel mono se preguntó.


Lo demás era un juego de niños:

Egipto y los griegos;

los vikingos y el rey Arturo;

Napoleón y la Segunda Guerra Mundial:

aquello ni siquiera era pasado.


Hoy sé que no es así.

Hoy sé de la irremediable pérdida que significa cada segundo,

del efecto devastador de la entropía,

de la tragedia cósmica de la inflación.


Como sé de lo irrepetible de los estados mentales,

de cualquiera tiempo pasado que fue distinto

o de los procesos irreversibles.


Sé todo eso.

Pero los troquelados no pueden borrarse,

solo esconderse:

y sigo viendo el pasado como un sitio,

un lugar que está ahí,

quizá a la vuelta de la esquina,

esperándonos.

► inicio



hipótesis

Muchos son los que creen.


Algunos creen en viejos cuentos de abuelas.


Otros, más autorizados, creen en cosas como

la ciencia, el progreso o las matemáticas.


Luego están los sensibles

que nos proponen más sensibles objetos de credulidad:

la belleza, la razón, el amor…


Incluso los hay que siguen creyendo en los cuentos de abuelas.


Tú quizá necesites creer que el sol saldrá por la mañana.

No lo creas: supónlo.

Solo supónlo y dúdalo cada madrugada

y verás cuan hermosos se vuelven los amaneceres.


Se me ocurre que es el momento de una enumeración:

la realidad,

el libre albedrío,

el otro,

el tiempo,

el tigre:

hipótesis que no metáforas,

hipótesis que nos constituyen

y nos convierten en hipótesis.


La ecuación de ondas,

los Tull,

la raíz de cinco,

mi escritorio,

el mar,

el mañana.


¿Te das cuenta?

Yo hacía un juego de niño:

cogía un objeto,

lo miraba fijamente

y repetía su nombre una y otra vez.

Pronto aquel nombre no significaba nada.

Pronto dejaba de reconocer aquel objeto.

Así aprendí lo poco que son las cosas.


¿Queda algo por decir?

Sí, por supuesto:

tú,

tú también eres una hipótesis:

la más hermosa y dulce hipótesis.

► inicio



cuando tú no estás

Quizá quieras saber qué hago

cuando tú no estás.


Casi siempre me podrás encontrar

sentado cerca de las sombras

donde algunos amigos

buscan respuestas.


Si el tiempo es bueno,

recorro las calles

para renovar el recuerdo

de lo real.


Algunas noches me siento en la proa

y a horcajadas sobre el bauprés

sueño con un puente habitado

por los amigos que fueron.


Los días de tempestad,

esos días,

despliego velas

e intento recoger en ellas

el soplo del azar.


Si estoy cansado

me gusta cerrar los ojos

y flotar entre las estrellas

y dejarme llevar

por las sutiles corrientes del vacío.


Aunque otras veces

prefiero que los sonidos

construyan altísimos castillos

a mi alrededor.


No sé,

quizá quieras saber qué hago

cuando tú no estás.


La verdad es que

es tal la dispersión

cuando tú no estás

que apenas si puedo

licuarme en versos

que den forma a lo que soy

cuando tú no estás.

► inicio



experiencias

Lo peor de la vida es que tengamos todos

que visitar todas sus estaciones.


Dicen algunos que nuestros embriones

recapitulan en su metamorfosis

la evolución de la especie.


Igual cada uno recapitula en sí

la historia de los demás hombres,

como si la única forma de ver fuese mirar.


Por eso son las historias de los otros

más ajenas fábulas

que las más fabulosas narraciones.


Y sí,

puede que no haya experiencia inútil,

pero las hay excesivas:

hubiese bastado una palabra,

una imagen,

acaso,

un instante.

► inicio


3


ensayo de cosmogonía

Es tan pequeña la diferencia

entre la nada y el ser que,

si lo piensas,

se reduce

a la diferencia misma.


Pues surgió la diferencia

quizá porque sí,

o quizá porque nada excepto lo imposible

esta prohibido,

y la unidad y su opuesto surgieron,

como prestados,

en esa suma cero que es la existencia.


Y con lo uno vino lo múltiple,

porque la casualidad no tiene limite

cuando el tiempo no existe:

así se pobló la nada de puntos

de polvo de cosas

que se agitaban

sin saber dónde ni cuándo,

sin saber de identidades ni alteridades.


Es la época de la combinatoria cósmica,

la época fuera del tiempo

en la que todo ocurre,

cuando todos los ensayos se perfeccionan,

cuando todas las posibilidades tienen

su oportunidad,

cuando todas las estructuras

se ven realizadas.


Formas efímeras,

desiertos perfectos,

universos sin futuro emergieron incontables.


Sin embargo,

uno de ellos encarnó la geometría

y en un instante

los puntos se alinearon

como atravesados por un rayo.

Lo hicieron porque sí,

por casualidad,

y adquirieron estabilidad,

y se organizaron en una cierta mezcla,

improbable y sutil,

de libertad y restricción:

así fue este espacio-tiempo nuestro,

este universo nuestro

nacido doblado y fronterizo,

capaz de permanencia y de cambio.


Y el mundo explotó

e inició su viaje hacia todas partes

en busca del frío.


Lo demás es nuestra historia,

la historia de pequeñas casualidades,

islas substraídas a los flujos de energía,

que aprendieron por casualidad

a reproducirse y sonreír.


Quizá quieras conocer los detalles,

saber cómo fragmentos de la estructura de nada

que fue el principio

se anudaron y,

sujetos por las dimensiones,

permanecieron.


O cómo los pequeños lazos,

para encontrar el camino,

siguen no uno sino todos los caminos

en no uno sino todos los universos.


Quizá quieras saber cómo ardieron,

allá en lo más profundo de los hornos estelares,

y cómo sus restos fueron expulsados al espacio

para convertirse en los átomos

de tus manos y tus ojos.


O cómo un día que vimos nuestro reflejo

en la superficie de una charca

nos preguntamos

quién y por qué.


Debes saber entonces que todo está ahí,

en la frontera entre el orden y el caos,

entre el cambio y la permanencia,

justo ahí donde se confunden

lo que nunca será

y lo que será por siempre.


“Nada estructurada”,

pensé una vez,

exagerando.

► inicio



los otros

A veces escucho,

como palabras de extraños,

los ecos mismos de mis pensamientos.


A veces las lecturas se mezclan

y emergen de los monólogos

amistosas conversaciones.


A veces descubro en sus razones las mías

y entiendo que ya conocieron de mí

al menos un fragmento.


A veces unos me llevan a otros,

y bajo sus mutuas referencias

reconozco un intercambio de saludos.


A veces el olvido

me permite ver el recuerdo

como obra ajena.


A veces sus músicas evocan

y me hacen añorar

compañías que no conocí.


A veces una anécdota basta

para presentir el aliento vital,

el perfil de un compañero.


A veces, soberbio,

me siento uno entre pares

y heredero de un antiguo linaje.


Y así vivo,

rodeado de amigos invisibles

y de amigos inventados

y de las obras que descuidadamente

van dejando en mi camino.


Y está bien,

aunque a veces desearía

no tener que imaginar ni sus miradas cómplices

ni sus fuertes risas,

como me ocurre contigo.

► inicio



¡corten!

Hay momentos en los que sé

podría desgarrar con un gesto

el tejido de la realidad

si recordase el gesto.


Camino por las calles atestadas,

miro sus rostros y sus andares convulsos

y sus rostros repetidos

y sé que todo es decorado.


Sé que algo se me escapa,

un detalle apenas,

como un olvido,

como un despiste,

una cifra que revela

la clave del enigma.


No hablo de algo desconocido,

sino de algo estúpidamente perdido,

de esa palabra que sabes existe

y simboliza a la perfección

tu pensamiento y, sin embargo,

prefiere quedarse ahí,

en la punta de la lengua,

negándote su perfección.


En ocasiones presiento con falso pálpito

una voz que de un momento a otro

va a resonar por encima

de hombres y máquinas

y va a dar fin

a esta realidad fingida.


Viendo a esos cómicos

seguidores de Stanislavsky

vivir intensamente su papel

he imaginado posible que algunos

olvidaran no esta línea o aquel verso

sino su vida entera

y quedaran así atrapados en su ficción.


Así me siento yo cada uno de los días

que mi memoria alcanza,

y así espero esa voz

que me despierte a la realidad.

La de verdad.

► inicio



plagio

No hay imaginación sino memoria:

pero tras concluir un elegante edificio

no hay que dejar a la vista el andamiaje.


Lo uno leí que dicen los bretones.

Lo otro leí que decía el viejo Gauss.

Pero a veces al leer sus voces

creo reconocer la mía

y me digo ¿por qué no?

y durante algún rato de soledad

cambio las palabras

para contarme por primera vez

lo que ya supieron otros.


Solo el olvido nos hace creadores:

por eso borramos las huellas propias

y rastreamos las ajenas.


El arco se yergue desafiante:

olvida sin embargo su soberbia monumental

e imagina la cimbra que lo sostuvo

cuando eran sus dovelas

apenas si piedras brutales.


Así somos,

arcos de luces que otros abrieron,

enanos alzados sobre hombros de gigantes,

epígonos desmemoriados.


El ciego que mejor vislumbró el infinito

dudando de sus obras

se jactaba sin embargo de sus lecturas.

Y es que es la creación combinatoria y elección,

azar y necesidad,

un hurgar en las entrañas del todo

para rescatar la piedra preciosa,

la improbabilidad cristalizada,

el azar congelado.


Lo único que lamento

es lo somero de estas aguas

que te ofrezco.

► inicio



misterio

Leo sus rostros torturados,

leo las arrugas en sus versos torturados,

y me pregunto

si sufren por el misterio

o si es que ellos también han descubierto

que el único misterio

es saber cómo sobrellevar

ser un salado grumo de materia.


Puedo entender a los jóvenes torturados.

Ellos aún creen.

Ellos aún tienen que conocer.

Ellos aún tienen derecho a la soberbia.

Pero a los de las arrugas,

a esos,

a los de las arrugas,

no los entiendo.


El incierto destino,

el sentido de la vida,

el sentimiento trágico de la vida:

es la contradicción,

es la paradoja humana:

cuántas palabras que oirás una y mil veces

para convertir en pregunta

lo que es deseo,

patético deseo de misterio,

de infinito,

de eternidad.


Grandes andamios de palabras

empavesan la más absoluta nada:

son los misterios,

lo inefable,

lo que escapa a la razón,

lo que trasciende,

lo que solo ve el espíritu,

dicen,

humildemente orgullosos,

tan perceptivos espíritus.


No puedo creer que no lo recuerden.

Todos tuvimos noches habitadas:

piel desnuda y alcohol,

complicidades inauditas,

y las más encendidas razones.

Lecturas y endorfinas,

placeres y soberbia,

sensaciones y epifanías,

emociones,

percepciones,

revelaciones.

¿De qué?

Tan solo un retrato en hueco.


He aquí una lección de crueldad

que sé nunca aprenderás:

a tus enemigos róbale sus enemigos.

Abarrota su mundo de espejos

y su aire de ecos.

Y, sobre todo,

despójales de sus misterios

y de las creencias que explican sus misterios


Pero no desesperes:

¿Quieres misterios?

Se me ocurren tantos…

¿Qué te parece intentar encontrar

explicación para la convivencia

de lo homogéneo y lo heterogéneo,

o de tu conciencia pura y mi cinismo ilustrado,

o de la nada y la soledad?

► inicio



porqués

Ellos son yo

cuando vivo su literatura,

pienso su filosofía

y descubro su ciencia.


Es hermoso.

Y sería suficiente

si no fuese por esta ambición de ser,

por esta necesidad de expandir mi yo

que inquieta mi vida

creo que desde siempre.


Sé que no hay creación sino memoria.

Sé que tras mi muerte de poco me servirán

los halagos tributados a mi recuerdo.

Sé que el gen anda por ahí

intentando hermosear mis adornos.

Sé que la voluntad de poder

aflora de las más extrañas maneras.


No lo niego:

escribo por placer,

por soberbia,

por despecho,

por ambición,

por esta pulsión de crear

que inquieta mi vida

creo que desde siempre.


Salvo el primero

no son muy hermosos motivos,

pero no hay otros.


Además son ilógicos,

pero es que la lógica lo puede todo

excepto mover a la acción.


Quiero demoler tus creencias,

quiero excitar tus emociones,

quiero agitar tu conciencia

y arrancar lágrimas de tus ojos

y sonrisas de tus labios.

Quiero perturbar tus días,

que sospeches de tus amigos

y que insultes a tu dios.

Quiero que me odies,

que te asombres,

que me admires.


Quiero poder imaginar

que un fragmento de mí está en ti,

quiero desparramar lo que sea que soy

sobre todos y sobre ti.


De hecho,

no son estos versos sino una nueva añagaza:

la verdad disfrazada de verdad.


Y ahora, la pregunta:

¿esto que lees ha puesto algo,

por pequeño que sea,

una imagen,

quizá una emoción,

en tu cerebro?


Si crees que sí,

perfecto,

pues eso quería:

colonizar tu mente,

expandir mi yo en ti,

extender mi fenotipo.


Y si crees que no,

bueno,

puede que te equivoques.

► inicio



sentir

Necesito sentir.

Y sentir que siento.

Y que tú sepas que siento.


Por eso intento aprender cuanto puedo.

Por eso rebusco en el pasado momentos que recordar.

Por eso invento historias en primera persona.


Y es que necesito sentir que vivo.

Resulta tan fácil olvidarse de uno mismo

que vivimos sin vivir,

que dijo la otra.


Muchas son las técnicas para intensificar la vida,

pero la mayoría dejan mal sabor de boca.


A mi me gusta esta de hacer

de la realidad y la ficción

un juego compartido

en el que tú y yo

fingimos creer que el otro existe.

► inicio


4


electrón

Las cosas más iguales son distintas.


No son exactos los gemelos,

como no lo son dos gatos,

dos piedras

o dos puestas de sol.


Piensa en la proeza denominadora

de nuestra especie,

en el proyecto adánico

de categorizar un mundo

fragmentado y cambiante.


Piensa en las dificultades

de la abstracción,

en la hazaña que supone

el enunciado de una sola definición.


Y todo porque las cosas más iguales son distintas.


Leibniz defendió la identidad

de los indiscernibles:

no es posible que dos cosas

solo se distingan

en espacio y tiempo.


Sin embargo,

todas las miríadas de electrones

que surcan el universo

y cada uno de nuestro átomos

son iguales,

absolutamente iguales.


Y hay más:

todas las miríadas de positrones

no son sino electrones

recorriendo el tiempo hacia atrás.


Wheeler vio lo evidente:

la multiplicidad es solo apariencia:

solo hay un electrón

viajando de un punto a otro

del espacio-tiempo.


¿Te lo imaginas?

Todos los lugares,

todos los tiempos,

cada instante y

cada suceso,

cada pensamiento,

todos ensartados

como una ristra de perlas

por el hilo electrónico

de una única partícula elemental.

► inicio



día triste

Hoy es un día triste,

un día descolorido,

de esos de bordes afilados,

un día real,

obstinadamente real.


Hoy es un día triste

porque soy consciente de conocer

las respuestas de cuanto

puede contestarse.


Hoy es un día triste

porque existo,

sé que existo,

sé lo que soy

y no me gusta.


Hoy es un día triste:

hoy no hay dudas,

ni ambigüedades,

ni aventuras.


Hoy es un día horrible

porque soy consciente,

absolutamente consciente

de la sin razón de mis pensamientos,

de lo estúpido de mis motivos

y de mi esterilidad.


Hoy es un día triste

en el que ni la ironía me salva

de la tristeza de saberme

tan provisional.


Hoy es un día triste,

pero no te preocupes:

mañana volverán las preguntas

y nosotros volveremos a mentirnos.

► inicio



máquinas

Qué distinto siento tu desprecio

desde que sé que eres una máquina

de carne y huesos y sangre y linfa.


Qué distinto valoro tus actos

desde que sé que estás,

aunque imprevisible,

maquinalmente determinado.


Qué distinto disfruto de ti

desde que sé que no eres más responsable

de tu inteligencia que de tu belleza,

de tus creencias que de tu bondad.


Qué distinto veo mi imagen espejada

desde que sé que si soy libre

es solo para hacer lo inevitable,

dadas las circunstancias.


Y es que me parece el mundo más limpio

desde que me paseo por él

como por una feria de automóviles.

► inicio



olvidos

Tengo tanto miedo de olvidar la salida,

como de olvidar que la hay.

Incluso temo olvidar que ando buscándola.


Temo transitar círculos tan estrechos

que pueda olvidar que hay un afuera.

Temo transitar círculos tan estrechos

que alguien pueda encerrarme dentro

sin darme yo cuenta.


Tengo miedo de que aquel olvido de ayer fuese algo importante.


Tengo miedo de olvidar los olvidos.

Temo de hecho ser ya un producto del olvido,

temo de hecho haberme olvidado de demasiado.


Tengo tanto miedo de cada uno de esos pequeños trozos de muerte.


Quizá por eso repita minimalmente las palabras.

Quizá por eso quiera que tú las repitas.

► inicio



creencias(autobiografía II)

He creído en todas las cosas

pero ya no creo en nada.


Creí en un dios,

pero sus mismo profetas

me demostraron su imposibilidad.


Creí en los hombres,

pero es vano esperar nada

de quien es producto del azar.


Creí en el héroe,

pero el detalle menudo del mundo

me mostró su falta de imaginación.


Creí en mí,

pero con el tiempo vi

que eso es como no creer en nada.


Creí en el conocimiento,

hasta que el conocimiento, inhóspito,

me pidió que no creyese en él.


Creí en la pasión,

hasta que la práctica

me enseñó su parquedad.


Hoy no creo en nada.

Si acaso, la sospecha

de que hay un mundo ahí afuera

y que en él estás tú.


Con eso me basta.


► inicio



exceso

Siempre he odiado el exceso

y siempre he vivido en él

y desde él envidiado

la serenidad y la calma.


Pero, ¿de qué excesos hablas?


De joven velaba las noches

prometiéndome ser menos

sin saber,

sin entender,

solo sintiendo el exceso

y el deseo de oscuridad.


Pero, ¿excesos?, ¿tú?


Nunca fui nada

pero la voluntad de ser

me forzaba a coleccionar

pensamientos y palabras

y a construir máscaras

y fui tantos

que me asquea

el solo recuerdo.


Pero…


Cada día

aquel que no era

miraba un instante

al que era con una

pregunta en su mirada

que era una súplica

de silencio y oscuridad.


Pero bastaba algo de alcohol,

un gesto amable

o un simple halago:

mi austero silencio

se licuaba en palabras

que defraudaban

todos mis propósitos.


Entonces…


Viví en el exceso

porque fui.


Hoy he conseguido

no ser casi nada.

Por eso puedo mirar

esos profundos ojos negros

sin apartar la mirada.


Por eso me encuentro tan bien.


► inicio



me cuesta escribir

Me encuentro bien,

pero me cuesta escribir.


Quizá porque le he leído

y al escribir

solo salen sus versos.


Quizá porque acabas de irte

y al escribir

solo salen sus versos

hablando de ti.


Escribir es tarea solitaria.

Quizá por eso siempre

aflore esa tristeza invernal

de tarde de domingo.


Pero ahora no me siento solo.

Le tengo a él.

Y te tengo a ti.


Hay más cosas,

pero ahora no me importan.

► inicio


5


siglo XX

Apenas habíamos separado los colores

y ya nos pareció insuficiente.


Entonces los hicimos más intensos,

más primarios,

y los extendimos con grandes y ferinos gestos.


Pero nos pareció insuficiente:

y dimos vueltas alrededor de nuestros modelos

y orbitamos alrededor de nuestros modelos

y tan rápido fue nuestro giro

que simultáneos se hicieron

el frente y el perfil,

y lo de arriba y lo de dentro.


Y se rompieron los rostros en máscaras,

los rostros tan hermosos que tanto habíamos amado.

Rotos, simultáneos,

y tan hermosos y tan rotos.


Pero no fue suficiente:

¡era tanto lo que queríamos expresar!


Así que partimos en los dos sentidos del tiempo

en busca de las verdades de los primitivos

o de los dinámicos y veloces futuros:

y las formas se multiplicaron y se disolvieron

y el espacio se aplastó

y los instantes se hicieron uno.


Habíamos hecho pedazos lo absoluto y,

sin embargo,

algunos empezamos a sospechar que nunca nada sería suficiente.


Por eso empezamos a jugar.

Por eso elegimos entre la basura cosas que poner en los pedestales.

Por eso nos subimos nosotros mismos a los pedestales

y gritamos sarcásticos, burlones, escandalosos:

“Nada. Nada. Nada.”


Sin embargo,

aún todo,

resultó insuficiente.


Fue entonces cuando unos subieron al desván por nuevos juguetes.

Desde la puerta descubrieron con asombro

un nuevo mundo, entero y multiplicado,

lleno de arquitecturas, de ilusiones y de sueños…


Todos creímos que habría suficiente.

Pero no: apenas un soplo bastó

para derribar los decorados metafísicos,

los telones de trampantojo

y los trucos de ingenio.


Quizá por eso no quisimos evitar que los niños

lo llenasen todo de construcciones y garabatos,

de tebeos y recortes,

de rayas que se movían y

de rayas que parecían moverse,

de conceptos y de palabras que describían sus conceptos.


Fue divertido.

Fue rápido,

banal,

chispeante.

Fue sorprendente:

aún quedaba qué romper y ellos lo habían encontrado,

Naturalmente, no fue suficiente:

quizá por eso este regusto amargo.


Aquí la historia se confunde con el presente

y el discurso se hace inevitablemente autorreferencial.

La realidad es simulacro,

el símbolo se deconstruye,

la razón se hace sospechosa y,

por fin,

todo vale.


Es decir: nada.

Y exactamente esa es tu herencia: nada.

Un enorme y coloreado montón de escombros,

un almacén enteramente repleto de añicos,

los sucios restos de una borrachera.


¿Y ahora?


No sé.

Quizá podáis juntar los pedazos,

o algo.

► inicio



cuatro mujeres

I


Sus azules cabellos

abrazan su absoluta desnudez


Sus ojos,

enormemente abiertos,

miran enormemente tristes.


La primera vez

inventé la historia

de un encuentro imposible.


II


Su rostro girado

parece un despertar.


Una luz ha llamado

su atención.


Aún se percibe

la estela dejada

por sus pensamientos.


III


Líneas negras separan

el ocre de su piel

de las doradas dunas.


Sus ojos,

dos trazos,

miran bajo el sol.


Están ahí,

y tan lejos.


IV


Ella fue la primera

que me hechizó.


Sobrecogida,

sostiene el pergamino

y mira hacia atrás.


Tardé en deducir

lo que había leído:

el futuro.

► inicio



sencillez

Sus palabras son plumas,

sus libros son trofeos

que cautivan a la bella.


La noche cambia

miradas y versos

por carne y suspiros.


¡Qué justa retribución!


Casi una niña

espera durante años

al borde del camino

la vuelta del amigo.


El cielo es azul

y dorados los campos

el día del regreso.


¡Qué hermosa sencillez!


Un relámpago,

un encuentro,

un azar compartido,

una prenda,

una flor.


Una mirada

y un roce

encienden el amor verdadero.


¡Qué afortunados los predestinados!


¡Y es que debe ser tan hermoso

ser sencillo de corazón!


¡Y tan aburrido!

► inicio



tres imágenes

Hay imágenes que son como muletillas de la imaginación.


Quizá procedan de sueños,

de relatos olvidados

o de experiencias reconstruidas.


No lo sé.


La de los perros feroces me cautiva.

Son muchos, una jauría,

y está atardeciendo.

Les he estado viendo bajar por la pendiente.

Ahora están girando allí,

en el último recodo del camino,

para enfilar mi dirección.


De cuerpo fibroso y metálico

tienen algo de entidad colectiva:

saltan gráciles unos sobre otros

como si en vez de correr

se deslizasen sobre las aguas.


Se desplazan en absoluto silencio y

sus largos saltos parecen dados a cámara lenta,

como si fuesen ingrávidos,

como si fuesen recuerdos,

aunque es obvio que nada puede huir de ellos:

su avance es inexorable:

su llegada, una cuestión de tiempo.


Por eso resulta paradójico

que el tiempo se dilate,

se demore en su transcurrir

mientras yo,

inmóvil,

veo cómo las crispadas y negras fauces de las bestias

se acercan y crecen,

instante a instante,

hasta llenarlo todo.


La de los gigantes quizá es más antigua.

No son torpes ni desmañados

sino elegantes y poderosos.

Y enormes.

Tanto que cada uno de sus gestos

es fuente de destrucción.


No hay malicia en sus actos:

ellos los creen justos:

ellos los creen necesarios.

Para ellos,

lo destruido nunca existió.

Es la ignorancia de escala.

Es la ceguera de las alturas.


Detalles, momentos,

vidas y sueños,

arquitecturas que se creían eternas

sucumben como cristales

ante el avance sordo de los gigantes.

Ellos no piden nada.

Ellos vienen, toman y se van.


La de los niños salvajes es enternecedora:

el suyo es un escenario

de caos y confusión,

de verdes praderas y profundos bosques

donde la vida,

tras un sueño infinito que ahora termina,

se despereza y palpita

en los deseos de bestias y plantas:

y se confunden los seres

en promiscua excitación,

en salvaje danza,

en violenta carrera.


Una voz suplicante dice a los niños:

“ya está bien, ya está bien”:

pero ellos no escuchan

y siguen corriendo

y sintiendo el aire en su cara

y en su sexo

y en sus cabellos revueltos al viento.


Probablemente sucumbas a la tentación

de interpretar mis imágenes:

entonces has de saber que,

además de cristal,

he sido perro,

gigante

y niño.


Aunque no debes hacer demasiado caso:

son solo imágenes.


► inicio



palabras

Desprecio las palabras:

solo el abismo que nos separa

justifica que ahora las use para ti.


Está la Historia repleta

de abanderados de palabras

que hablan intensamente de nada.


Hicieron de la gramática pensamiento

y del sujeto una paradoja:

constituidos en tribunal

aceptaron como prueba bocetos de dibujante,

y buscaron un culpable para cada accidente.


Llegaron a hacer de la herramienta dios,

del medio el mensaje,

de la metáfora un espejo.


Y es que con palabras

quisieron demostrar la existencia

de lo que nadie salvo los locos

ha visto.


Con las palabras

se convencieron

de que los hombres,

tan iguales,

eran distintos.


Hasta convencieron con ellas

a los héroes

de que diesen sus vidas

por ellas,

por las palabras.


Las palabras hacen

responsables a los hombres

del pasado,

al pobre de su pobreza,

al enfermo de su enfermedad.


Las palabras

transforman lo de fuera,

lo ocultan con su hechizo,

lo secuestran

en una cueva de sombras.


Y es que al principio

la palabra

multiplicó la realidad

en verdad y mentira

y pobló el mundo

de réplicas,

de falsas representaciones,

de ídolos engañosos:

dios

patria

herencia

libertad,

moscas,

moscas que zumban

en nuestros tiernos oídos

desde el nacer

hasta ese morir

que también nos intentan hurtar.


Palabras.


Te has dado cuenta,

¿verdad?

Palabras,

uso palabras

para demostrar que las palabras

son culpables.

Palabras.

Como si lo pudiesen ser.

Como si tuviesen nombre,

como si tuviesen carne:

!dios, cuántas palabras!


¿Entonces?

¿Quiénes son los culpables?

¿La razón?

¿Las ideas?

¿Quizá el orgullo?


Me temo que solo tú y yo,

mi amor,

solo tú y yo.


► inicio



solo una palabra

Deseo, confusión,

sueños y hormonas,

ignorancia sentimental.


Sexo, refugio,

mórbida dulzura,

una trampa.


Pasión, vanidades,

una obsesión,

un juego de espejos,

espejismos.


Rostros, movimientos, manos,

escenas soñadas,

complicidades calladas,

deseos inconfesados,

lo que pudo ser.


Algo amable,

dulces tardes furtivas,

una despedida.


También tú, mi amiga.


Demasiado para una sola palabra.


► inicio



la abuela

Recetas de cocina,

recordatorios,

postales, fotos,

cartas, trapos,

mecheros y cerillas,

figuritas, jarrones,

maquinillas de afeitar,

dietarios,

botes con cosas,

cajas con cosas,

bolsas con cosas,

medicinas y prospectos,

folletos, fascículos,

notas,

pinceles, agujas,

papeles,

cosas.


Una entramado de existencias.


Eran su memoria de papel,

sus prótesis,

sus mnemotécnicos.


Una compleja tela de araña

que se hizo jirones de un manotazo.


Toda la casa con su contenido

precipitó con su muerte

en un montón de pura entropía,

en un montón de basura.


Joder.

► inicio


6


a guerra de las imágenes y las palabras

Fue esta guerra,

la de las imágenes y las palabras,

entre lo concreto y lo abstracto,

entre el mundo que es

y otro de sombras y ficciones,

entre el mundo que es

y otro que es el de las posibilidades.


Fue esta guerra,

terrible como pocas,

terrible como todas,

una guerra entre paradigmas

y una guerra entre especies.


Fue esta guerra

entre el fenómeno y el símbolo,

entre la realidad desnuda

y el borroso y brumoso mundo

de la realidad subjetiva.


Fue ésta la guerra de la codificación,

cuando se comprimió

el prolijo pormenor de la naturaleza

en signos y gestos.


Fue ésta la guerra de la abstracción,

destructora de realidades

y gramatical inventora

de mundos habitados

por caballos alados

y seres incorpóreos.


A costa de olvidar el detalle de lo sensible

y liberados del recuerdo abrumador,

los victoriosos accedieron a los paisajes de lo posible y lo imposible:

fue así como pudieron,

cruzando y negando,

explorar los multiformes jardines de la imaginación,

la ficción

y la locura.


No pienses que éstas de las que hablo

son las imágenes que pueblan tus días:

las de hoy son imágenes de imágenes,

imágenes enmascaradas,

la nada disfrazada de mundo,

la representación sin voluntad,

la victoria definitiva.

► inicio



amistad

Estoy dispuesto a escucharte,

pero no a comprenderte.


Quizá creas que estamos condenados

a no entendernos,

amigo.


Yo también lo creo.


Sé que soy egoísta,

pero no es eso.


Escucha:

necesito el halago,

pero no me vale si sé que lo es,

y lo sé.


Quiero que me engañes,

que me digas que soy

quien me gustaría ser.


Sé que lo harás por ser mi amigo:

por eso sospecharé de ti.


Por supuesto,

yo jamás te mentiré.


Me siento solo,

pero no quiero compañía:

quizá si aceptaras adorarme…


Quiero irme,

pero no quiero estar allí:

no sé si me entiendes.

► inicio



lo que sé

Sé que al admirar la belleza de una mujer

estoy evaluando sus fuerzas reproductoras.


Sé que mi camino de perfección

no es más que voluntad de poder.


Sé que tras mis valores se esconde mis deseos.


Sé que soy imprevisible pero determinado.


Lo malo es que yo soy todo eso que sé que soy.


No temo convertirme en otro: temo desaparecer.

► inicio



memoria y desmemoria

Es el yo un producto de la memoria.

Y de la desmemoria.


Porque el recuerdo nos identifica

con aquel otro que fue.


Porque el olvido nos distingue

de aquellos cuyas palabras repetimos.

► inicio



un fragmento de nada

Ha surgido de la nada,

ahí en el centro,

a la vista de todos,

un fragmento de nada.


Es esférico,

quizá,

y crece.


No es,

pero desvía las palabras

y los gestos que

rodean su esférica forma

por líneas como meridianos.


Crece:

las palabras y los gestos

ya no pueden sortearlo:

lo rozan

y se refractan

y se introducen en la esfera de nada

que parece estar llena de vientos:

en su interior

todo gira

en vórtices demenciales.


La sucia nada nos aplasta

contra las paredes.

Los demás siguen hablando.

Ahora sus palabras caen

directamente en los torbellinos.


Sé que no es hermoso.

Incluso diría que es trivial.

Pero así fue y así te lo he contado.

► inicio



pereza

Esta mañana tengo deseos de destrucción.


Me gustaría hacer saltar por los aires

algunas de estas putas colmenas nuestras,

incendiar algún patético parque

y hacer en él una alta, altísima hoguera

donde quemar esas prótesis que tanto queréis.


Me gustaría gritaros al oído algunas cosas,

como la idiotez irremediable de vuestros hijos,

por ejemplo,

o lo mal que suena vuestro equipo de música,

por ejemplo,

o que os vais a morir,

por ejemplo,

cuando menos lo esperéis.


Me gustaría introducir en la red un bonito virus

que llenase de sexo descarnado,

ja,

todas vuestras jodidas pantallas,

y todos vuestros jodidos documentos,

más que nada para recordaros de qué va esto.


Me gustaría hacer un viaje para explicarle

a las masas sin número de negros y amarillos y rojos

cómo amenizamos nuestras cenas con imágenes

de sus guerras y su hambre y sus pestes y sus rezos.


Pero no hay de qué preocuparse:

y es que es una suerte,

una enorme suerte

la de esta todopoderosa pereza mía.

► inicio



provisionalidad

Me pesa esta eterna provisionalidad.


En mis sueños era el futuro un mañana alcanzado,

la felicidad una rutina amable,

y yo un actor que extraía placer

de interpretar un papel que sabía placentero.


Pero algo no salió bien,

el mañana no llegó,

y yo me pregunto dónde me perdí,

dónde me convertí en una anomalía.


Dos instantes iguales

significan tiempos iguales,

el tiempo doblado sobre sí mismo

en eterno retorno.


Pero dos instantes iguales

no lo son nunca en realidad

si la memoria mantiene presente el pasado.


Así son mis días,

haces de sorpresas y dudas,

de proyectos abandonados

y de nuevos propósitos,

de conjeturas,

de preguntas,

de momentos previstos y alterados

por la previsión misma.


Sé que soñé sueños de gentes sin memoria

y que nunca debí esperar la eterna paz

de los días idénticos.


Pero sigo soñando

y añorando el dulce aburrimiento

del tiempo detenido

e imaginándome sabio, inmune e infinito.


Dicen que es señal de juventud

no encontrar asiento,

pero es éste inútil consuelo

cuando el tiempo se acaba.